Quizá no sea la mejor obra de Sam Peckinpah, pero sí la más personal. Ambientada en un México sucio y polvoriento con escenas extremadamente machistas y nihilistas, como si el director quisiera burlarse de sus críticos. “Quiero la cabeza de Alfredo García”: una película con este título hay que verla. Con decir que hay una escena con Warren Oates conduciendo mientras habla con “la cabeza” comida por las moscas, lo digo todo.
Una película justamente calificada de “imprescindible” y de “naturaleza lóbrega y morbosa” por Rubén Lardín en su libro “Sam Peckinpah, hermano perro”. Obra que parece rodada a impulsos, con un acabado aparentemente tosco. “Quiero la cabeza de Alfredo García” es una especie de cruce ente “road movie” y policíaca, por momentos onírica y genial, con una atmósfera exagerada y grotesca. Se respira la idea que tenía Peckinpah de México, se siente el polvo de la arena, el calor; todo ello para dar vida a una historia febril y macabra en la que se lucha por la posesión material de una cabeza con la que conseguir la recompensa que se ofrece por ella. Cabeza que en su recorrido hasta su destino final pasa por diferentes manos, llegando el protagonista a la tesitura de conservarla en hielo para posteriormente, como dije arriba, “hablar” con ella según avanzamos en una surrealista espiral de violencia.
En resumen, esta película es de una importancia capital a la hora de entender la mentalidad de su autor debido a estas declaraciones suyas: “Yo hice Alfredo García y la hice exactamente como quería; buena o mala, guste o no, es mi película”. Se puede decir que, en cuanto a temática, estilo y obsesiones, es un compendio de la obra del director.
Como bien sabe usted, D. Angel, me encanta esta película. Desde luego no es la mejor de Peckinpah, pues esa sólo es una (“Grupo Salvaje”), pero para mí tal vez sea la segunda en el ranking. Un saludo.