“Remo, desarmado y peligroso“, en mi niñez, me fascinó. Es una película dirigida por Guy Hamilton (que en su momento hizo algunas entregas de la serie de James Bond) en que captan a un policía (Fred Ward) que, tras una operación de cirugía estética -le afeitan, porque no recuerdo que parezca que le hagan algo más-, es entrenado por un excéntrico maestro coreano -con un dominio tal de las artes marciales que llegaba a correr por el agua- para formar parte de una organización secreta. Tenía un encanto especial, con escenas impagables como podréis imaginaros: escalaban norias, acababan con los enemigos sólo con manos -y en concreto los dedos- y podemos ver que lo de esquivar balas no se inventó con Matrix.
También tenía grandes diálogos; pero, entre las muchas frases que tiene, me quedé con una:
La perfección no es una meta, es un camino.
Acabó siendo una película de culto. En los años 80, había muchas películas así que excitaban la imaginación infantil; no necesariamente obras maestras, pero memorables.
Nota: Si queréis ver las notas que pongo a las películas que he visto, entrad en “FilmAffinity.com”. Mi ‘login’ es “reygallego85″, así podréis agregarme y os deja consultarlas. A veces cambio mis votaciones según adquiero perspectiva o cambio de opinión por cualquier razón, pero ahí están.
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