Preciosa canción tradicional cantada por Joaquín Díaz:
Archivo de Autores para Ángel Rey Gallego
El pasado mes de septiembre (2010), en la Revista MACLA, se publicó el artículo “Caracterización de Sales Precipitadas a partir de Aguas de la Red Hidrológica de la Provincia de Valladolid” (Revista MACLA, nº13), del que soy coautor. Fernando Rull y Jesús Medina son los profesores que dirigieron la investigación. Fue presentada en la “XXX Reunión de la Sociedad Española de Mineralogía – Workshop on Biominerals and Biomineralization Processes”.
En el libro “Historia de la filosofía. Desde la antigüedad hasta nuestros días” de la editorial Könemann, 2005, VV.AA., aparece este breve resumen de la principal tesis de Thomas Kuhn (la negrita es mía):
[Thomas Kuhn expone] sus investigaciones de historia de la ciencia [en] su libro La estructura de las revoluciones científicas, de 1962. Para él, la ciencia no es un proceso de constante progreso del conocimiento mediante la recopilación de hechos. Esto sólo es así en periodos de ciencia normal. Se habla entonces de la presencia de un paradigma caracterizado por un trasfondo de suposiciones teóricas aceptadas universalmente, en cuyo interior no se cuestiona la totalidad de la teoría válida, sino que es utilizada para solucionar problemas existentes, anomalías. Si estas anomalías son muy persistentes, puede darse una revolución científica y con ella un cambio de paradigma. Esto ocurrirá o no dependiendo de factores extra-científicos, como por ejemplo la situación del poder político. Dado que el paradigma nuevo y el antiguo son inconmensurables, es decir, incomparables, no cabe posibilidad, según Kuhn, de hablar de progreso científico.
“¿Es toda una experiencia vivir con miedo, verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.” Roy Batty (Blade Runner).
¡Atención, SPOILERS del final de la película!
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
Roy Batty.
Memorable diálogo de la película “Delitos y faltas” de Woody Allen (antecedente de lo que sería “Match Point”, aunque con un tono más intelectual). No es que sea estrictamente un SPOILER, pero hay quienes son especialmente susceptibles, por lo que dejo el aviso. Realmente merece mucho la pena, la escena resume mediante un vehemente debate las distintas posturas filosóficas que se tratan en la película, surgiendo frases impresionantes como la siguiente: “Si es necesario elegiré siempre a Dios antes que la Verdad”.
Una letra surrealista para una oscura canción:
I saw a werewolf with a Chinese menu in his hand
walkin through the streets of Soho in the rain.
He was lookin for the place called Lee Ho Fooks, gonna get a big dish of beef chow mein.
Chorus:
Aaahoo, werewolves of London
Aaahoo(2x)
Ya hear him howlin around your kitchen door, ya better not let him in.
Little old lady got mutilated late last night, werewolves of London again.
Chorus 2x
He’s the hairy, hairy gent, who ran amok in Kent.
Lately he’s been overheard in Mayfair.
You better stay away from him, he’ll rip your lungs out Jim.
Huh, I’d like to meet his tailor.
Chorus 2x
Well, I saw Lon Chaney walkin with the queen, doing the werewolves of London.
I saw Lon Chaney Jr. walkin with the queen, doin the werewolves of London
I saw a werewolf drinkin a pina colada at Trader Vic’s
And his hair was perfect.
ahhhooooo, werewolves of London
Draw blood
Lovecraft, en una carta a E. H. Price del 15 de agosto de 1934 (que viene recogida en “Lovecraft: una biografía” de L. Sprague de Camp), realiza una digresión acerca de lo que puede afrontar como artista y la importancia de mantenerse cada cual dentro de sus propios límites. Recuerda algo a la tesis que se defiende en el famoso libro “El principio de Peter”.
Aunque tengo el más alto respeto por los autores de la literatura realista y envidio a los que son capaces de llevar a cabo el feliz reflejo de la vida en forma narrativa, soy tristemente consciente, tras verdaderos experimentos, de que es un área definitivamente cerrada para mí. El hecho es que no tengo absolutamente nada que decir en lo que a la vida real y desnuda se refiere. Los acontecimientos de la vida me dejan tan profunda y crónicamente frío –y sé tan poco acerca de ellos en definitiva– que no puedo sacar nada en relación con ellos que tenga el aliciente y la tensión y el suspense necesarios para componer una historia de verdad. Es decir, estoy incurablemente ciego para los valores dramáticos o ficcionales, salvo en lo que atañe a las violaciones del orden natural. Por supuesto, comprendo objetivamente lo que son estos valores, y puedo aplicarlos con bastante éxito a la crítica y revisión de la obra de otro, pero no dominan mi imaginación lo bastante como para encontrar expresión creadora … Lo que es más, no sé lo bastante de la vida como para ser eficaz exponente de ella. Debido a la mala salud de mis primeros años y a mi disposición naturalmente retraída, mis contactos con la humanidad –y con sus variados aspectos, costumbres, modos de hablar, actitudes y normas– han sido extremadamente limitados; de forma que hay probablemente muy poca gente, aparte de la clase más rústica, que sea más simple que yo. No sé cuántas categorías de personas hacen, y piensan, y sienten, y hablan … El supuesto realista que no conoce bien la vida está forzosamente obligado a recurrir a la imitación: a copiar lo que encuentra en los dudosos y artificiales medios de los libros, obras de teatro, reportajes periodísticos y demás … Supongamos que me piden que describa el modo con que uno de esos atolondrados jóvenes detectives de club responde a una situación dada. Ahora bien, yo no soy un atolondrado joven detective de club ni lo he sido jamás … ni he conocido a ninguno tampoco. Evidentemente, no sé cómo diablos reaccionaría uno de ellos (suponiendo que tales personas existan) ante una situación dada … Y esto es así en tan diferentes tipos de personas (son muy pocos los tipos que verdaderamente comprendo –y no estoy seguro tampoco de comprenderlos–) que no podría completar el elenco de personajes de una obra literaria entera… … Me interesan solamente los grandes acontecimientos, las corrientes históricas, los órdenes de organización biológica, química, física y astronómica; y el único conflicto que tiene para mí algún significado emocional es el del principio de libertad o de irregularidad o de atrevida oportunidad frente a la eterna y enloquecedora rigidez o ley cósmica … especialmente las leyes del tiempo. Los individuos y sus fortunas dentro de las leyes naturales me conmueven muy poco … En otras palabras, los únicos héroes sobre los que puedo escribir son los fenómenos. El cosmos es un círculo de fatalidad tan cerrado –con todas las cosas preordenadas– que nada me resulta tan realmente dramático como la súbita y anormal violación de esa implacable inevitabilidad … algo que no puede existir, pero que uno puede imaginar como existente … Naturalmente, uno podría ser más bien un artista abierto, con capacidad para evocar la belleza desde todas las vertientes de la experiencia … pero cuando no se es inequívocamente un artista así, no tiene sentido simular y fingir y pretender que se es. Así que, concedido que soy un hombre pequeño en vez de un hombre grande, prefiero mil veces admitirlo francamente –y tratar de ser un hombre pequeño bueno dentro de mis límites estrechos, reducidos, minúsculos– a enmascararme y fingir ser más grande de los que soy.
Tal fingimiento sólo puede conducir a un vano engaño, una pomposa vacuidad y una pérdida final de lo poco bueno que podría haber hecho si me hubiese limitado a la pequeña parcela que era realmente mía.
“CHAPARRÓN” (Sketch) – por Germán Trenza
INT. CASA ANDRÉS
Una mano apaga el despertador. ANDRÉS se levanta y se sienta en la cama. Mira por la ventana. Llueve. Mientras, enciende un cigarrillo. Espira el humo lentamente, queda un segundo en total silencio, y se levanta de golpe (en dirección al baño, aunque no lo vemos).
“CHAPARRÓN”
Corte a:
EXT. ESTACIÓN TREN
Entra en la estación con paso apresurado y se acerca a un kiosco. Mira toda la variedad de periódicos que hay. Se agobia.
KIOSQUERO (Nervudo, con barba de varios días, gafas para leer –de hecho ha interrumpido la lectura– y camisa a cuadros con el primer botón desabrochado.): Oiga, ¡usted es el nuevo!
ANDRÉS: (Extrañado.) No, no, yo sólo soy un pasajero…
KIOSQUERO: Noooo… (Ríe.) El nuevo diputado, ¿no? (Coge un periódico, donde sale la foto de ANDRÉS, y lo señala.) Sí, sin duda. ¿Y cómo es el Congreso? Ya ha estado, ¿no?
(Como se notará, tiene cierta “diarrea verbal”.)
ANDRÉS: Sí, pero en realidad hoy es mi primer día.
KIOSQUERO: ¿Sí? Que bueno. Le voté, que lo sepa; bueno, voté a su partido, pero si hubiera listas abiertas lo habría hecho igualmente.
ANDRÉS: (Un poco azorado, pero sin perder su aplomo natural.) Gracias.
KIOSQUERO: A ver cómo nos resulta. No se deje intimidar por el escándalo y espere a que escampe. Dudo que su partido se financie ilegalmente… supondría que son más listos de lo que parecen, jeje. No se ofenda… siempre he creído que la derecha sabe gobernar, manejar la economía, pero no son precisamente unos linces en política “maquiavélica”, si se me permite decirlo. No lo digo por usted en concreto, sino en general. ¿No cree?
ANDRÉS: Hombre, prácticamente soy un recién llegado… (Bromea para escaquearse.)
KIOSQUERO: ¡Ja, ja!, sí. Pero a usted le ha venido bien todo este telar, si no fuera por su compañero… ¿sigue siendo su compañero? Como andan diciendo si le suspenden de militancia… (Se da cuenta de que lo incomoda. Tiene poco tacto.) Pero… perdone que le atosigue así. Ande, vaya, disfrute de su primer día.
ANDRÉS: Lo intentaré.
KIOSQUERO: No se suban mucho el sueldo, ¿me lo promete? (Ríe.) Bueno, sólo era una broma, pero ¿qué quería?
ANDRÉS: Pues no sabía cuál comprar… (Mirando todos los periódicos.)
KIOSQUERO: Bueno, ya sabe usted cuales son “los suyos”, jeje. (Coge y se los pasa.)
ANDRÉS: Me llevaré también estos, hay que leer también al “enemigo”.
KIOSQUERO: Pero no les lea mucho, ¿de acuerdo? Que si vuelven al poder nos hunden, como ya han hecho antes… Porque los autónomos siempre hemos estado desprotegidos, y luego vienen y nos dicen que…
Se va amortiguando el sonido de la conversación. ANDRÉS mira con estoica impaciencia hacia el reloj de la estación, que gotea al caerle la lluvia encima. Corte en negro.
Empieza el calor – por Germán Trenza
– Vete a la playa.
– Mucha gente.
– A la piscina.
– Sigue habiendo gente.
– ¿El problema es la gente?
– El problema siempre es la gente.
– …
– Además siempre de un lado para otro, que si al pueblo, que si a la bodeguilla de Torcuato, que si al río con los críos, que si las fiestas de no-sé-dónde… ¡pero nada productivo!
– Sí, un agobio…
– Tú lo has dicho, ¡el hartazgo! Estas ahí como una mosca atrapada en una botella, buscando la salida. Puedes tener tu terrón de azúcar, pero estás encerrado, esperando que liberen el tapón. Esperando, esperando, esperando, ¿entiendes?
– Quizá eres demasiado pesimista.
– Así llamáis los optimistas a los realistas.
– …
– ¿Sabes por qué las revoluciones ocurren en verano?
– No.
– Porque la gente se aburre. No hay nadie haciendo algo productivo; por no haber, no hay ni fútbol, sólo el Tour relaja un poco al vulgo. Si estás ocupado, trabajando, haciendo algo útil, no piensas en formas de aliviar el hastío, ¡el asco! No, en verano estás ahí esperando, y llega uno que, sólo porque alguien haga algo, dice: “Vamos a la Bastilla”, “Anda, mira, el archiduque Francisco Fernando” o “¿Y si escribimos una Declaración de Independencia?”
– La Revolución Cubana fue en enero.
– El 1 de enero, justo, Año Nuevo, lo que te decía: ¡vacaciones! Fiesta, mascaradas, un tío asqueado, esperando que pasaran Reyes y viendo todo ese marasmo de gente… ¡Normal! En fin, ¿tienes el tabaco que te pedí?
– Sabor a vainilla.
– Sabes, el otro día mi pipa no tiraba bien, me pongo a desatascarla y viene un petimetre que…
El lugar era un antiguo cementerio; tan antiguo que temblé al contemplar las numerosas huellas de tiempos inmemoriales. Se encontraba en una hondonada profunda y húmeda, cubierta de exuberante maleza, musgo y extrañas plantas trepadoras, en donde flotaba un vago hedor que mi ociosa imaginación asociaba burdamente a las rocas desmenuzadas. Por todas partes había señales de abandono y decrepitud, y me obsesionaba la idea de que Warren y yo éramos los primeros seres vivos que invadíamos aquel letal silencio secular. Por encima del borde del valle asomaba la pálida luna menguante entre fétidos vapores que parecían emanar de ignoradas catacumbas y, a la débil luz de sus vacilantes rayos, pude distinguir un repugnante despliegue de antiguas lápidas, urnas, cenotafios y mausoleos, completamente desmoronados, cubiertos de musgo y con manchas de humedad, y parcialmente ocultos por la densa exuberancia de una vegetación malsana.
“El testimonio de Randolph Carter” (fragmento) H. P. Lovecraft (traducción: J. A. Molina Foix)
“El ego del hombre es el manantial del progreso humano“. Ayn Rand.
Quiero poner aquí el alegato final de una de mis películas favoritas, “El Manantial”, grandísimo “melodrama de la Arquitectura” de King Vidor, sobre la novela homónima de Ayn Rand. Protagonizada por Gary Cooper y una Patricia Neal estupenda. No considero que esta “Defensa de Howard Roark” sea un SPOILER, ya que no desvela el veredicto y más bien resulta una explicación intelectual de todos los hechos que han ocurrido durante la película sin hacer una relación exhaustiva de los mismos, pero como hay quien es especialmente sensible a lo que se considera o no “spoiler”, ahí queda el aviso.
Aquí, Howard Roark sobre la Integridad:
“Do you want to stand alone against the whole world?”
Y un par de escenas con Patricia Neal y Gary Cooper:
¡Tomad Teología de la Liberación en vena!
“Credo” – Elsa Baeza
***
- Letra:
ELSA BAEZA
“CREDO”
Creo Señor firmemente,
Que de Tu pródiga mente,
Todo este mundo nació,
Que de tu mano de artista,
De pintor primitivista
La belleza floreció,
Las estrellas y la luna
Las casitas y las lagunas,
Los barquitos navegando
Sobre el río, rumbo al mar,
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.
ESTRIBILLO:
Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.
Yo creo en Vos Cristo Obrero,
Luz de luz y verdadero unigénito de Dios,
Que para salvar al mundo,
En el vientre humilde y puro, de María se encarnó
Creo que fuiste golpeado, con escarnio torturado,
En la cruz martirizado, siendo Pilatos Pretor,
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error
Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.
Yo creo en Vos compañero,
Cristo humano, Cristo Obrero, de la muerte vencedor,
Con el sacrificio inmenso, engendraste el hombre nuevo,
Para la liberación,
Vos estás resucitando, en cada brazo que se alza,
Para defender al pueblo del domino explotador,
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección
Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.
Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.
*****
Canción bonita, pero no comparto su ideología para nada…
Cuaderno de Bitácora de la “Hermes 14-13″ – por Germán Trenza
>>> Cuaderno de Bitácora de la Hermes 14-13, tras su salto XA-45879263:
-Previa: Transcribe el Capitán Arthur Jubal (Almirantazgo de Titán), de la Hermes 14-13. El salto XA-45879263 ha resultado fallido, suponemos que nuestras coordenadas inmediatamente anteriores al salto están debidamente recogidas por la Base Central. Este cuaderno de bitácora datará las fechas por días-Tierra desde el salto (tomado como referencia temporal: hora cero, día 1º).
-Día 1º: Salto hiperlumínico fallido, error en el sistema de refrigeración líquida de los circuitos. Perdidos dos discos duros. Ha habido suerte ya que el salto no nos ha hecho impactar contra ningún astro –pese a la gran densidad estelar de la zona–.
Análisis cartográfico negativo, desconocemos nuestra posición. No obstante, recogemos información de los sistemas que vamos encontrando (datos en archivo adjunto). La excesiva cantidad de púlsares en la región enturbia las posibles transmisiones. Llegamos incluso a detectar algunas estrellas de quarks.
No sabemos dónde estamos y nos encontramos incomunicados. Tenemos autonomía para seis meses, por lo que hemos de localizar un lugar habitable en ese plazo. Los pasajeros no son informados de la incidencia, aparentamos crucero normal. Buscamos un planeta habitable realizando microsaltos de estrella a estrella, unos diez minutos entre cada una de ellas. Después de 70 microsaltos nos detenemos sin éxito.
Operaciones de mantenimiento, continuamos mañana.
-Día 2º: Organizamos dos turnos de 50 microsaltos. Pedimos mayor discreción a la oficialidad tras detectar recelos en el pasaje.
-Día 3º: Sin éxito aún, cartografía somera de una esfera de 100 años-luz con centro nuestro punto de salida del salto.
-Día 4º: Sin novedad de interés, para información más prolija archivo adjunto.
-Día 5º: …
-Día 6: Inquietud en la tripulación de rango menor. Desde el Alto Mando afirmamos la existencia de un planeta óptimo para su terraformación en un plazo breve, pero pretendemos buscar indicios más firmes de nuestra posición antes de aterrizar. Como se puede comprobar fácilmente en la carta estelar adjunta, la información filtrada es intencionadamente falsa.
-Días 7-10: La tripulación ejerce sus cometidos animosamente pero con impaciencia por el aterrizaje.
-Días 11-12: Leves rumores.
-Día 13: Situación crítica: diámetro de 180 años-luz sin planetas óptimos.
-Día 14: Primera disconformidad, sin insubordinación, de un oficial.
-Día 15: Filtración de la situación real a la tripulación de bajo rango. El causante es encerrado en una celda de castigo (detalles en archivo adjunto).
-Días 16-17: Motín en el ala B-16 de la tripulación, lugar objetivo de la filtración de ayer. El ala B-16 es sellada hasta el cese del motín.
-Día 18: Motín sofocado. Juicios.
-Día 19: Ejecución de sentencias: cárcel con diversas penas para el 80% de la tripulación del ala B-16 y ejecución de dos de los cabecillas (ver vídeo del juicio adjunto).
-Días 20-23: El Capitán Lewis Laurent, tras la moción de censura del “día 21”, continúa este cuaderno.
-Día 24: Declarada situación de emergencia: se informa al pasaje y se impone un racionamiento energético y alimenticio de clase B.
-Días 25-38: Labores de cartografía y búsqueda. Solicitamos ayuda entre los civiles del pasaje con conocimientos científicos, cartográficos y astronáuticos útiles. Tensión, pero conservando el orden, en la nave. Moral alta pese a la situación complicada.
-Día 39: Planeta apto para su terraformación, pero a largo plazo (20 años, ver coordenadas en archivo adjunto). Se decide lanzar a los robots de terraformación con semillas de crecimiento rápido, líquenes y algas para transformar el CO2 en O2 y reducir el amoníaco, sistemas de inducción genética, etc. para un posible uso futuro del planeta por otras naves.
-Día 40: Siguen las labores de cartografía. Posible vaga determinación de nuestras coordenadas.
-Día 41: Error de cálculo, permanecemos en territorio ignoto. Un ingeniero relativista sostiene la idea de avanzar a velocidades lumínicas (sin el uso del salto, según el sistema antiguo) para alcanzar los 20 años hasta la terraformación del planeta en una semana. Teóricamente posible, muy riesgoso: idea desechada.
-Día 42: Excesiva densidad de púlsares, agujeros negros y perturbaciones electromagnéticas varias fuera de la zona cartografiada hasta este momento. Extrema dificultad para el avance en cualquier dirección hacia el exterior de la región investigada.
-Días 43-47: Se proyecta un plan. Siguiendo el trazado de una circunferencia a velocidades lumínicas es posible alcanzar la terraformación del planeta en 12 días. Inconvenientes: la alta velocidad convertiría a los pocos átomos presentes en el espacio que chocasen contra la nave en una fortísima radiación ionizante –que debería contenerse usando campos repulsores como escudos–, además del posible impacto contra una partícula de mayor tamaño (micrometeoritos, asteroides errantes, etc.), letal a esas velocidades (riesgo de explosión nuclear), pese al campo repulsor exterior de la nave; gran coste de energía de los campos de energía necesarios (tanto el campo interno que anula los efectos de las fuerzas G y de inercia generadas por las enormes aceleraciones lineal y angular que se adquirirían, como el externo que rechazaría los cuerpos extraños que se cruzaran en el recorrido y que confinaría y ajustaría a la nave en el itinerario circular adecuado, a semejanza de un acelerador de partículas). Incompatibles energéticamente ambos agentes.
-Día 48: Falta energía, pero el plan podría ser viable.
-Día 49: Adecuación de los motores secundarios de plasma para adquirir, de ser necesario, impulso suficiente para velocidades lumínicas.
-Días 50-51: Posible solución teórica al problema energético: los campos electromagnéticos de la nave pueden ser inducidos mediante la extrema velocidad que alcanzarían los iones cargados de los motores de plasma. Los campos repulsivos para evitar choques contra partículas serían más anchos, pero algo más penetrables. Se propone una nueva trayectoria elíptica con una densidad de materia estimada en 30 átomos de hidrógeno por decámetro cúbico (un vacío inusual: esta región del espacio es bien peculiar).
-Día 52: Puesta en marcha del plan (nuevo tiempo estimado de realización de 13 días).
-Días 53-65: Sin incidencias de gravedad: ligera sensación de mareo puntual de algunos pasajeros, atribuida a las deceleraciones producidas en los vértices de la elipse.
-Día 66: Llegamos al planeta, terraformación mínima completa. Nombramiento del nuevo planeta como Terra-S448. Procedemos al aterrizaje.
[Nota final: Como es bien sabido, la Hermes 14-13 falló en la entrada, cayendo al mar. El sistema automático de la nave consiguió emitir este diario antes del accidente. Pese al gran número de bajas, una porción notable del pasaje y de la tripulación sobrevivió en este planeta con condiciones primitivas (sólo había vida vegetal) pero suficientes. Pese a la gran dificultad para recibir mensajes en una zona cuajada de estrellas de neutrones, fueron rescatados años después, tras captar una nave mercante la fragmentada transmisión de este cuaderno de viaje.]
Un don, dos discriminaciones – por Germán Trenza
Versión humana:
“Polidáctilo, 13”
Sus seis dedos por mano le permitían tocar como los ángeles. Fue descalificado.
Versión no humana:
“Alien Blues, 20”
Con sus manos de seis dedos superaba a Thelonious Monk. Lástima que los pubs de la zona sólo admitieran humanos.
***
Thelonious Monk – “Blue Monk”
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Dos días después, Auggie me respondió con su propia versión sobre el tema: “Polidáctilo, 33″.
Abelardo heredó de su padre una cervecería que, con el trabajo de muchos años, marchaba lo suficientemente bien como para que se pudiera permitir atender su negocio sólo por las tardes, lo que le dejaba libre casi todo el día. Una vida cómoda que le costó casi tres décadas de noches en vela y continuo esfuerzo conseguir. Por las mañanas se dedicaba a deambular, rememorando ese cautivador ambiente de ajetreo que de niño solamente veía cuando faltaba algún profesor y les mandaban a casa prematuramente.
Estos callejeos bucólicos se vieron afectados por un hecho preocupante: poco a poco, habían empezado a desaparecer algunos clientes. A fin de mes, cada vez quedaban más cervezas de importación sin vender, las cuales habían sido su mayor orgullo. Gradualmente. Por eso al principio apenas se notaba y los parroquianos habituales seguían degustando su cerveza de rigor (con cacahuetes).
Cavilando sobre el problema mientras Ulises olisqueaba un macetero, se encontró con el “Tarkington”, un nuevo café-bar. No estaba en la misma calle que su aclamada cervecería, ni siquiera en la misma manzana, pero sí muy bien situado para hacerle competencia. Los trabajadores, al salir de la fábrica, pasaban en su ruta de vuelta a casa por delante del “Tarkington”, antes de llegar donde Abelardo. Unos pocos abandonaron rápidamente las delicias de trigo alemanas y belgas que tanta fama le dieron y que, hasta entonces, sostenían su confortable y ordenada vida.
El colmo fue descubrir que la cafetería amanecía como churrería, después servía almuerzos y se transformaba en un bar de copas por las noches, atrayendo a diferentes tipos de consumidores. La mezcolanza de estilos le repugnaba, no era lo que le había enseñado su padre: “Quien mucho abarca poco aprieta”. Ulises ladró a un saltamontes como dando su aprobación.
Pese a todo, Abelardo no se explicaba ese prodigio de laboriosidad, olvidando que era muy parecido al que él mismo había realizado de joven. Se ponía su arrugado sombrero y merodeaba por el local enemigo para comprobar lo lleno que estaba. Pasado un tiempo, se dio cuenta de que quien entraba por la mañana quedaba convencido y repetía a la tarde, dejando de acudir a su cervecería. Lo que pasaba cada vez con más frecuencia.
Pero él se resistía. Sólo hacía unos años que había conseguido mantener la rentabilidad con un horario desahogado y no iba a permitir que ese bar de nuevo cuño, que ni siquiera ofrecía una sencilla “Pilsener”, cambiara su plácida forma de llevar el negocio.
Un gélido día de diciembre, cuando el cervecero estaba limpiando la escarcha del cristal del “Tarkington” para escudriñar el interior, Ulises orinó sobre la parte inferior del gran ventanal del bar, lo que divirtió a Abelardo. Una acción completamente fútil que se convirtió en un nuevo ritual matutino. Cada día, Abelardo y Ulises cumplían puntualmente con su trabajo de desgaste, hasta que acabara esa moda pasajera de las “cafeterías de copas”. Mientras, su consolidada cervecería no paraba de perder más y más clientes…
Incidente inexplicable (enigma), 36 – por Germán Trenza
El buzón de devolución de préstamos de la biblioteca apareció al día siguiente totalmente carbonizado. Surgieron leyendas y se llegó a considerar una imposible combustión espontánea, pero nunca se descubrió al autor ni sus verdaderas intenciones.
***
Versión para minimalistas:
El buzón amaneció calcinado. Nunca se supo el autor ni sus intenciones.
En el libro de Javier de Lorenzo, “La matemática: de sus fundamentos y crisis” (sobre la “célebre” e interesantísima “crisis de fundamentos”), hay un par de párrafos que resumen una lúcida idea de Gottlob Frege (los subrayados y negritas son míos):
“[Según Frege] las relaciones lógicas son epistemológicamente relevantes: si un pensamiento α es una consecuencia lógica de un conjunto de pensamientos π, es el conocimiento de los elementos de π lo que da firmeza al conocimiento de α.
A su vez, la independencia de α respecto a π muestra que hay alguna fuente de conocimiento que garantiza a α diferente a la fuente de conocimiento que garantiza a π. Y ello tiene consecuencias de carácter ontológico: si α se demuestra a partir de π, ello implica que α no agrega ningún compromiso ontológico nuevo al aportado por π, pero si α es independiente de π ello implica que lo que garantiza a π no se compone ontológicamente con lo que garantiza a α.”
Al mismo de los “Auggies” que me introdujo en el “Estanco” le propuse la idea de hacer microrrelatos. He hecho tres hasta ahora (a los que hay que sumar distintas versiones de los mismos). Aquí, el primero de ellos:
Vampírica ocurrencia, 21 – por Germán Trenza
(Auggie, mi aportación.)
Se acercó al espejo y vio los azulejos a su espalda. Decidió reformar el baño y se volvió a su ataúd.
Voy a poner aquí el “anuncio de colaboración” que sirvió para presentarme como “Germán Trenza” en “El Estanco de Auggie Wren” el viernes 9 de enero de 2009. No lo escribí yo, sino el bueno de Auggie -uno de los varios autores que se ocultan tras ese alias-, pero forma parte de la historia de Germán Trenza:
Anuncio de colaboración
Él, que después de estos dos años de amistad sigue siendo un misterio para mí, entrará pronto en esta casa con sus historias. Aunque me dijo “no me des coba; yo te dejo los papeles y punto”, voy a presentarle.
Germán Trenza, como se hace llamar, no es exactamente un cliente del estanco, porque no fuma, pero con él he pasado en la trastienda las mejores tardes de estos últimos años. Su conversación, rápida pero profunda, trabaja con cierta urgencia los más fenomenales temas, hace redobles de tambor y encuentra siempre el punto clave. Juntos ponemos patas arriba el Cine y el Consejo de Ministros, la Literatura y la Filosofía de la Ciencia. Su carácter es algo obsesivo, con un cierto aire a lo Dr. House; no obstante, es sencillo y afable, como ese juntaletras de novelas baratas que protagoniza “El tercer hombre”.
Os sorprenderá que le presente hoy -alguno creerá incluso que es personaje de mi invención-. Germán nunca me había permitido hablar de él aquí, pero el otro día, merced quizá a la doble fermentación de la cerveza, accedió a formar parte de esta familia.
Como no quiero desoir sus deseos, nada más os cuento sobre él. A la espera del material prometido, os dejo con la intriga.
Él, que después de estos dos años de amistad sigue siendo un misterio para mí, entrará pronto en esta casa con sus historias. Aunque me dijo “no me des coba; yo te dejo los papeles y punto”, voy a presentarle.
Germán Trenza, como se hace llamar, no es exactamente un cliente del estanco, porque no fuma, pero con él he pasado en la trastienda las mejores tardes de estos últimos años. Su conversación, rápida pero profunda, trabaja con cierta urgencia los más fenomenales temas, hace redobles de tambor y encuentra siempre el punto clave. Juntos ponemos patas arriba el Cine y el Consejo de Ministros, la Literatura y la Filosofía de la Ciencia. Su carácter es algo obsesivo, con un cierto aire a lo Dr. House; no obstante, es sencillo y afable, como ese juntaletras de novelas baratas que protagoniza “El tercer hombre”.
Os sorprenderá que le presente hoy -alguno creerá incluso que es personaje de mi invención-. Germán nunca me había permitido hablar de él aquí, pero el otro día, merced quizá a la doble fermentación de la cerveza, accedió a formar parte de esta familia.
Como no quiero desoir sus deseos, nada más os cuento sobre él. A la espera del material prometido, os dejo con la intriga.
Tormenta de ideas – por Germán Trenza
Terminada la presentación de la Memoria Anual, el Presidente volvió a sentarse en la cabecera de la mesa de reuniones. Vestía elegante, pero no tenía una clase innata, sino más bien la del hombre hecho a sí mismo. Se ajustó su sombrero tejano y se dirigió al Consejo de Administración.
– Como acaban de ver, si seguimos así entraremos en quiebra técnica en tres años. Hay que hacer algo y hacerlo ahora. Lo que sea, pero ha de decidirse en esta reunión. ¡No saldremos hasta tener una solución!
El año fiscal estaba a punto de finalizar y había que proyectar a contrarreloj la estrategia y presupuestos de los dos años siguientes.
– Silvia, esto va para largo y eres una mujer atractiva y sola encerrada con siete hombres en una habitación demasiado estrecha… Yo no digo nada, pero quizá sea un buen momento para que aceptes salir conmigo –susurró el siempre jocoso Danny a su rubia preferida.
– Danny, no es momento de bobadas– dijo Silvia.
– ¡¡Silencio!! –dijo el Presidente– ¡Si no se os ocurre algo bueno os despellejaré y seréis las próximas botas de mi mujer! –sus orígenes poco aristocráticos eran evidentes.
Había que ponerse serios. Jack, Consejero Delegado y hombre de confianza del Presidente, trató de calmar los ánimos.
– A ver, recapitulemos. Lufthansa nos está barriendo en los espacio-puertos del cinturón de asteroides, ¡y no digamos en cargueros! Ahí sí que no hay nada que hacer. ¿Alguien sabe cómo podríamos ganarles? ¿En qué somos mejores? –dijo Jack.
– En los “valores centenarios” de nuestra compañía –bromeó Danny, remarcando irritantemente las comillas con los dedos–. Viene en todos los anuncios que hacemos…
– ¡Danny, no me jodas! ¡¡No me jodas!! –saltó el Presidente. Sus rudos modales sureños no admitían el más mínimo chiste tratando de negocios.
– Bueno, bueno. Calma. He pensado una cosa; no deja zanjado el problema, pero nos da tiempo –le contestó.
– A ver… –se interesó el Presidente, consciente de que, aunque Danny fuera un bufón y un vividor, no se le daba mal su trabajo. No se callaba nada, aunque fuera éticamente reprobable, por eso le mantenía con él.
– No sé si os habéis dado cuenta de que nuestras estadísticas de seguridad son mejores que las de Lufthansa… pero a nadie parece importarle. Así que propongo reducir gastos rebajando la seguridad.
– Danny, sería una buena opción si no fuera porque Lufthansa lleva años untando a los medios de comunicación para que no saquen las tablas de siniestralidad aeroespacial. Según las leyes de libertad de información esa es información pública y está en los archivos a disposición de quien quiera consultarlo. Pero en la práctica la gente sólo ve la tele y los periódicos –dijo Jack.
– Vaya… ¿más ideas? –dijo el Presidente.
Un largo silencio envolvió la sala.
– En fin –carraspeó resignado–, id a tomar el aire, ¡pero de esta planta no sale nadie!
Se despejaron un poco. Unos hablaron de cómo iba el rally lunar, otros de la partida de bolos del sábado y Danny siguió tonteando con Silvia, que estaba como abstraída. Al rato regresaron a la sala, algunos con su segundo vaso de café en la mano. Con ademán cansado, el Presidente relanzó la reunión.
– Bueno chicos, se acabó el recreo. Ahora quiero soluciones.
– Presidente, quizá habría que considerar fusionarse con Lufthansa… –dijo uno de los nuevos en el Consejo.
– ¡¡¿Pero qué cojones dices?!! ¿Y se supone que sois mis “brillantes” asesores? –ironizó– ¡¿Alguien se ve capaz de decir algo que no sea una mamarrachada?!
Silvia vio la oportunidad de demostrar que era algo más que una cara bonita.
– Creo que volver a la situación que tenía la empresa hace años es imposible, los tiempos cambian. Pero sí que podemos tratar de que esto sea rentable de nuevo.
– Continúa, continúa –dijo el Presidente con impaciencia.
– No recuperaremos nuestra posición si no empezamos a tener beneficios. Para ello tendríamos que cambiar nuestro nicho de mercado, buscar otro tipo de viajeros.
– ¿Cómo? –preguntó Danny.
– Todos nosotros, las compañías de vuelo aeroespacial (las terrestres son otra historia) no ofrecemos cosas sustancialmente diferentes. Sólo nos distinguimos en la calidad del servicio durante el vuelo; que si mejores asientos, que si películas, que si la comida y demás. Pero eso son bobadas. Desde que se descubrió el “impulso Mancini” todos tardamos prácticamente lo mismo en llegar a Ceres, Titán, Plutón, a donde sea, y eso es lo fundamental.
– ¿Qué estás sugiriendo exactamente? –dijo Jack.
– Lo que yo digo es que habría que sobresalir donde nadie lo hace: en la movilidad. No puede ser que cuando llegas a Marte, entre que recoges tu equipaje y sales al metro o a la parada de taxis, tardes lo mismo o más que el propio viaje. Aprovechemos para plantear una alternativa realmente distinta y mejor: “vuelos rápidos para gente con prisa”.
El Presidente se acarició la papada. Estaba pensando. Aunque pareció convencerse, puso una pega.
– Pero Lufthansa tiene espacio-puertos más grandes que los nuestros…
– ¡Precisamente ése es el error! –dijo entusiasmada–. Hay tantas terminales que pasa una eternidad hasta que sales al centro y te tomas un baño caliente en tu hotel. Eso puede valer para los turistas, pero si andas pillada de tiempo es un problema.
Hubo un murmullo de aprobación. Todos ellos lo habían sufrido alguna vez.
– Por no mencionar las maletas –siguió Silvia–, que tardan horas en salir… cuando no se pierden. Deberíamos tener un servicio de equipajes ágil, aunque sea contratando a un gran número de trabajadores, para que sea casi instantáneo: que según salgas de la nave prácticamente te pongan la maleta en la mano. Luego un metro supersónico, y a la ciudad en dos minutos.
– Pero, si todo es tan rápido, las tiendas libres de impuestos no tendrían sentido. La gente no se pararía a comprar, y estamos sacando un buen pellizco… –dijo Danny.
– Se vendería menos, pero no tendrían por qué desaparecer. De todas formas, nosotros vendemos billetes, no alcohol, tabaco y pastillas.
Al Presidente le gustaba la idea. Jack aún no estaba convencido:
– ¿Nos dices que nos convirtamos en una línea aeroespacial de lujo? Porque la inversión sería carísima…
– ¿Por qué no? Es el único hueco que nos dejan libre en el mercado. Que Lufthansa se encargue de los turistas, que nosotros de los “trajeados” –dijo Silvia.
– ¿Y no pueden ellos hacer lo mismo? –se preocupó el Presidente.
– No, qué va; todavía deben amortizar sus espacio-puertos (son enormes, ya lo sabéis) y están tan congestionados que les sería imposible acelerar su ritmo de tráfico.
– A ver si lo entiendo –dijo Danny–. Lo que propones es parecido a cuando prohibieron los coches en el centro de todas las capitales y pusieron la “red tubular”, ¿no? Cada cual en su portal sin aguantar atascos.
– Sí, un sistema más directo con el que se resuelven los problemas de movilidad.
– Con el añadido de que seríamos nosotros quienes tendríamos la patente de ese protocolo de circulación y transporte –observó Danny.
Al Presidente se le iluminaron los ojos:
– Adelante con ello, Silvia. Danny, tú ayúdala.
Los dos sonrieron. Tenían lo que querían.
Las Siete y media – “La Venganza de Don Mendo” (Pedro Muñoz Seca):
- Fernán Gómez:
- Gómez Bur:
- “Saza”:
El cuarto piso – por Germán Trenza
(Una fábula onírica)
LUIS (Su amigo al otro lado del telefonillo les contesta): ¿Sí?
DAVID: Somos nosotros. Abre.
La puerta se abre, DAVID la empuja y todos empiezan a entrar. Suben al descansillo donde está el ascensor. Tiene un cartel pegado en todos los pisos: EN REPARACIÓN (hasta el martes).
DAVID (Es el primero que sube): ¡Joder! (A los demás) Tendremos que subir a pata.
ALBERTO: ¿Qué piso es?
LAURA (Fastidiada): El quinto.
ALBERTO resopla.
Empiezan a subir las escaleras. Pasan por el segundo.
Llegan al cuarto. Suben un piso más y llaman a una casa. Pasa un tiempo y DAVID vuelve a intentarlo. No contestan.
ALBERTO: Tarda en abrir, ¿no?
DAVID: Sí, no sé qué le pasa.
LAURA (Mira al número del piso y ve que es el cuarto): ¡Chicos, que estamos en el cuarto! (Lo señala con el dedo y empieza a subir las escaleras).
DAVID: ¿Qué? (Mira el número). ¡Si era el anterior! (Flash en blanco y negro muy rápido de antes, cuando subían y pasaban por el cuarto).
Todos van subiendo las escaleras encabezados por LAURA.
LAURA (Según va llegando arriba se para de repente totalmente impactada): ¡Venid a ver esto!
Todos suben rápidamente. Ven el número del piso: De nuevo el cuarto. Se quedan sin habla.
DAVID (Consternado): ¿Qué coño ocurre aquí?
LAURA (Nerviosa): Se habrán equivocado al numerar los pisos. (Subiendo las escaleras) Seguro que el siguiente ya está bien.
Vuelve a ser el cuarto cuando sube.
LAURA (Primer plano de sus ojos): No.
ALBERTO: A ver, tranquilidad. Llamemos a algún piso a que nos lo expliquen.
LAURA (Esperanzada): Eso.
LAURA baja desde el descansillo donde se había quedado parada y se abalanza a llamar a un piso cruzándose por delante de los dos chicos. Llama frenéticamente. Nadie contesta. Pasa al piso del otro lado al cual también llama.
LAURA (Aporreando una puerta): ¡¿Por qué no contesta nadie?!
DAVID (Sujetándola): Para. Esto tiene que ser una broma.
ALBERTO (Escépticamente): Sí, ya. ¿Crees que la comunidad de vecinos conspira contra nosotros?
DAVID (Se le acerca rápidamente. La situación es tensa): ¿Qué crees tú que es, tío listo?
ALBERTO: ¡No lo sé!
LAURA (Mediando entre ellos): ¡Parad ya!
En unos segundos nadie dice nada y se apaciguan los ánimos.
DAVID: ¿Os parece si vamos llamando a los timbres según subimos? Si hay alguien nos abrirá.
ALBERTO (No muy convencido): Bueno.
Fundido en negro.
Clarea.
Llegan a un piso. Llaman a cada uno de los dos pisos. Lo hacen mecánicamente, acostumbrados a no recibir respuesta tras los muchos pisos subidos. Se toman una pausa en este piso.
ALBERTO: ¿Cuántos pisos tiene esta casa?
DAVID: Ocho.
LAURA: No puede ser. ¡Si llevamos diez!
ALBERTO (A DAVID): ¿Seguro que sólo hay ocho?
DAVID (Mirando hacia abajo): Síii…
ALBERTO: ¿Y si bajamos al portal?
Fundido de una imagen a otra.
Se paran en uno de los pisos.
DAVID: Ya deberíamos de haber salido.
LAURA: No podemos seguir así. Tenemos que probar algo.
DAVID (Tras una pausa): Separémonos. Que alguien suba.
LAURA: ¿Pero quién?
DAVID: Da igual. ¿Queréis vosotros?
ALBERTO: A mí no me importa. Total, estaríamos en las mismas.
DAVID: Voy yo.
LAURA: Un momento. ¿Por qué no intentamos antes llamar al ascensor?
DAVID: ¡Claro! ¿Cómo no lo hemos pensado?
ALBERTO (Burlándose): ¿Por qué no funciona?
DAVID (Abalanzándose sobre él): ¡Estoy harto de tus gilipolleces!
ALBERTO (Se le quita de encima con un manotazo): ¡Tú a mí no me tocas!
LAURA (Interponiéndose): ¡Basta! (Dirigiéndose a ALBERTO) Por probar no pasa nada.
DAVID llama repetidas veces. Pero no funciona.
ALBERTO: ¿Ves?
DAVID (Lanzándole una mirada furibunda pero se contiene): Al menos lo hemos intentado.
LAURA (Desilusionada): Sí.
DAVID (Empezando a subir): A ver si alguno de nosotros sale y pide ayuda.
Fundido en negro.
Clarea.
LAURA Y ALBERTO van bajando las escaleras.
ALBERTO (Con remordimiento): Me he pasado.
LAURA: Déjalo. Los tres hemos perdido la calma. (Se escucha que alguien va subiendo hacia ellos) ¡Escucha! Viene alguien.
Aparece DAVID muy cansado. Sus amigos se extrañan, aunque teniendo en cuenta la situación en que se encuentran no mucho.
LAURA: ¿Cómo has conseguido bajar?
DAVID (Cortándola): ¡He descubierto algo!
ALBERTO: ¿El qué?
DAVID (Ilusionado y tratando de mantener la calma. Se van intercalando imágenes de lo que va narrando): Veréis, al dejaros, nada más subir cuatro pisos, despareció el cartel de estropeado del ascensor. (Aclara) ¡Y está en todos los pisos! Llamé, pero no funcionaba. Subí más y ni rastro del cartel. Fui a avisaros y al bajar sólo un piso el ascensor volvía a tener el cartel. Continué bajando y al noveno, de nuevo el ascensor sin cartel. Entonces me di cuenta de que los cuatro pisos que subí y los nueve que bajé son dos cuadrados seguidos: Cuatro es el cuadrado de dos y nueve de tres.
LAURA: ¿Pero por qué no pasó eso cuando estábamos todos?
DAVID: Ni idea. Quizá al intentar llamar al ascensor pasó algo. Pero eso no es todo, ¿os habéis dado cuenta de que el tiempo cambia de un piso a otro?
ALBERTO (Mirando al reloj): ¡Es verdad! Tengo que son las cuatro de la mañana.
DAVID: ¡Claro que es verdad! Por eso pensé que sólo nos volveríamos a encontrar de suerte, como así ha sido.
ALBERTO: Sólo te quedaba salir para pedir ayuda.
DAVID: Exacto. Se me ocurrió subir 16 pisos, el cuadrado de cuatro, el siguiente número. Lo hice y ya no estaba el cartel. Pensé que subiendo y bajando pisos acabaría por salir.
LAURA: ¿Por cuál te llegas ahora?
DAVID: Por el cuadrado de 10: 100 pisos. Llevo 27.
ALBERTO: ¿Crees que la salida puede estar en los 100 pisos?
DAVID: Puede, es un número redondo. (Empieza a subir. Los otros dos se miran por un momento y le siguen).
Fundido de una imagen a otra.
Todos están agotados.
DAVID: Ya llegamos. (Termina de subir) ¡Mirad! ¡¡El ascensor!!
El ascensor está en el piso.
ALBERTO: ¡Tenías razón!
DAVID: Sólo era una posibilidad.
ALBERTO (Después de una pausa): Perdona por lo de antes.
DAVID: Olvídalo. También fue culpa mía.
Mientras tanto LAURA se les ha adelantado y está junto al ascensor sonriendo.
LAURA (Abriendo la puerta): Venga.
Entran.
LAURA (Mirando a los botones): ¿A cuál damos?
ALBERTO (Pulsándolo): ¿No íbamos al quinto?
Se cierra la puerta. Salen y miran al número del piso. Sigue siendo el cuarto.
DAVID (Patea las paredes desesperado): ¡Mierda! ¡¡Mierda!!
LAURA (Llorosa): ¡No podremos salir de aquí nunca!
ALBERTO (Abraza a LAURA): Tranquila. Encontraremos una forma de salir…
LUIS (Bajando por la escalera): ¿Por qué no subíais? Os estaba esperando.
Fundido en negro.
En el “Hablando Claro, número 9″ (la revista de NNGG del Partido Popular de Valladolid) de mayo-junio de 2010, aparece una crítica mía sobre la gran serie “The Wire” (aunque en la revista viene bajo la firma colectiva “Atwater & Rove”). Aquí os pongo la reseña:
The Wire: “Que se joda el espectador medio”
Ángel Rey Gallego
The Wire significa “La Escucha” o “El pinchazo”. Una serie que podría ser convencional por su temática, “¡otra serie más de policías!”… Pero no es así: es la que muchos consideran “la mejor serie de la Historia”, donde lo realmente innovador no es su temática, sino su tratamiento.
Transcurre en Baltimore, ciudad plagada de delincuencia, corrupción y drogas, donde los traficantes diseñan métodos para eludir los pinchazos telefónicos y la policía mejora sus técnicas a la par, en una guerra que no tiene fin. No se puede llamar “guerra” a la guerra contra las drogas, afirma un personaje. ¿Por qué? “Las guerras acaban”, asegura. Plagada de frases y reflexiones como ésta, un idealismo cínico impregna todos y cada uno de los fotogramas de The Wire.
La legalización o no de las drogas se enmarca en el centro de The Wire, con un hecho fundamental que se encuentra en el medio de la tercera temporada de las cinco que tiene la serie, justo en la mitad: la creación de “Hamsterdam”. Ahí lo dejamos, para que descubráis lo que es visionando esta obra maestra de la televisión y para que comprobéis las consecuencias que tiene.
Son cinco temporadas, cada cual con su temática y sirviendo una trama más o menos cerrada: una temporada, un caso. La primera trata de los traficantes de Baltimore y cómo se actúa contra ellos (sirviendo de presentación de algunos de los personajes principales), la segunda sobre el puerto y los sindicatos, la tercera introduce el mundo de la política, la cuarta analiza los institutos y el modelo educativo, y la quinta critica a los medios de comunicación.
Apartamos a un lado, porque supondría extender en demasía esta insuficiente recensión, lo más importante de The Wire, los personajes. The Wire es una obra coral, donde todo personaje, por pequeño que sea su papel, es “real”, ninguno es acartonado ni simplista. Tenemos al “Robin Hood” de los traficantes, Omar Little; al idealista pero problemático policía McNulty, al metódico Lester; el afable Bunk; Avon Barksdale y Stringer Bell, los jefes de los traficantes, tendente a la acción uno y más intelectual el otro; Carcetti, el político que intenta cambiar las cosas; y muchos, muchos, muchos más…
No obstante, tiene un inconveniente: necesita un cierto tiempo para acostumbrarse. Hay que dar a la serie confianza durante unos cuantos episodios, donde con trabajo uno se habitúa a un extraño ritmo que elude las elipsis y desarrolla y cuenta todo con detalle y precisión documental. Una vez sobrepasado el duro muro inicial –que requiere un acto de fe, de voluntad–, todo va como la seda, y degustamos una exquisitez artística.
Esta serie en realidad podría considerarse como una miniserie de cinco episodios (cada temporada), sólo que da la casualidad de que cada uno de ellos dura unas doce horas –“¡Ah, se siente!”–, y por eso debemos verlos en concentradas píldoras de una hora cada una.
En definitiva, The Wire es la mejor serie de la historia y, pese al gran componente de crítica, un verdadero homenaje a la ciudad de Baltimore y sus gentes. Con grandes debates políticos y sociales, donde la verosimilitud y el realismo son la norma. Sumamente recomendable, aunque no es una serie sencilla para cualquier público. David Simon, su creador, y la HBO, cadena que la produce, pueden sentirse orgullosos de haber hecho una joya de la pequeña pantalla. David Simon dijo que sus estándares al escribir los guiones se resumían en una breve máxima: “Que se joda el espectador medio”. En un mundo donde la mediocridad se intenta alzar frente la excelencia es lo que necesitamos. Amén a eso.
“Cambalache” – Julio Sosa
“Fast Train” – Solomon Burke
Mentalidad científica – por Germán Trenza
– Me gusta este planeta. Todos los mundos con vegetación fotosintética son preciosos, como nuestro hogar.
– Me encanta el verde…
– La pena es que no haya vida inteligente para admirarlo.
– Yo no lo tengo tan claro…
– ¡Anda ya! Por favor, sé razonable; lo de esa montaña parecen rostros, pero de ahí a que sean artificiales…
– Pero…
– ¡Pero nada! Recuerda que somos científicos, no charlatanes buscando audiencia… Mira, ya deberías saber que es normal que a veces encontremos semejanzas así en nuestros viajes, ¿te acuerdas de aquel asteroide con forma de nave?
– Sí, quizá tengas razón…
– Quizá no. La tengo.
Y es que la erosión del Monte Rushmore hacía irreconocibles a Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln…
Reconocimiento rutinario – por Germán Trenza
– ¡Saca la sonda!
– ¡Va, va! Espera, que estaba en el baño… ¡Ya está! Conectada.
– A ver… nada. Este planeta no es compatible con la vida, quizá dentro de unos cuantos millones de años…
– Quizá, pero no estaremos aquí para verlo. Aprovecharé para vaciar el depósito de desperdicios, y nos vamos.
Y así comenzó la vida en la Tierra…
Reconocimiento rutinario – por Germán Trenza
Renuncia (Una conversión) – por Germán Trenza
El sudor brillaba aún en la calva, mezclándose con la sangre que acababa sorbida por la moqueta.
En su trabajo a veces se había sorprendido a sí mismo contemplando admirado los últimos momentos de un ser humano, cautivado por la quietud que siempre sobrevenía a la violencia. Esta vez su objetivo, su víctima era un ingeniero venido a menos que bebía demasiado y apenas salía de casa. Un encargo más, nadie que fuese a ser recordado.
Se quedó mirando su deshilachada camiseta, por debajo de la cual rebosaban fofas carnes. Nada que ver con las sofisticadas mujeres de piel tersa que en ocasiones se había visto obligado a eliminar.
Giró sobre sí mismo y vio unos pequeños y pringosos monitores que mostraban análisis de espectros y cálculos interminables. Todo a su alrededor, salvo una cuidada mesa de dibujo, estaba cubierto de polvo. En los estantes se amontonaban legajos amarillentos con esbozos de proyectos y planos de inciertos artefactos que por su culpa ya no se construirían jamás. Puede que no fuera producto de una mente brillante, pero sí que se advertía en esa obra truncada la dignidad y la humildad de un hombre entregado a un meticuloso trabajo sin reconocimiento. Un monumento a un fracaso infecundo, aunque respetable.
En ese instante, de forma repentina pero sin dudarlo, decidió cambiar de profesión.
“¡Un invento para la Historia!” – por Germán Trenza
– ¡Doctor Volterra! Suba al estrado, por favor –dijo el juez–. Se le recuerda que sigue bajo juramento.
La persona más joven del jurado, un joven de apenas veinte años aficionado a la informática, le miraba con admiración. La cara de una señora indicaba, en cambio, repugnancia. El resto del jurado trataba de sestear con los ojos abiertos.
– ¿Quiere explicarnos de nuevo el procedimiento de su artilugio, Doctor?
– El concepto es muy sencillo: al igual que enviamos a distancia estados cuánticos (es la base de la moderna computación cuántica), podemos transportar instantáneamente una información de ordenamiento atómico y recomponer todo un cuerpo humano en destino.
– No lo veo tan sencillo, ¿podría simplificarlo aún más? –inquirió el juez.
– Consiste en teletransportar a personas.
– Eso ya lo sabemos, buscábamos un término medio…
El juez se revolvió irritado en su butaca.
– El fiscal puede interrogar al acusado.
Joven y pulcro, buscaba un rápido reconocimiento, lo que le llevaba a ser agresivo y desafiante… y a cometer más errores de la cuenta.
– Creo que con sus respuestas evasivas este juicio se está prolongando demasiado, ya que yo veo claros los hechos –comenzó jactancioso el fiscal.
– ¿No es cierto (usted lo ha dicho en la sesión anterior) que su máquina de teletransporte tiene “fallos inherentes”?
– Como todo aparato –dijo Volterra.
– ¡Como todo aparato! –rió el fiscal–. ¿Admite usted su culpa?
– No he dicho eso, sólo digo que toda actividad humana implica riesgo.
– Conteste sí o no: ¿tiene su máquina “fallos inherentes”?
– Sí, conceptualmente.
– Perdonen un segundo –interrumpió el juez–. Doctor Volterra, ¿está usted seguro de querer seguir defendiéndose a sí mismo?
– Absolutamente.
El juez se resignó dejándose caer de nuevo en su asiento.
– Prosigan pues.
Con el camino despejado, el fiscal miraba a Volterra como un halcón a su presa: la puerta de acceso a la Fiscalía General.
– Doctor Volterra, ¿por qué usted estableció un sistema de transporte basado en su invento si sabía que no era seguro?
– La teleportación cuántica es el transporte más seguro que existe.
– ¿Ah, sí? ¡Dígaselo! –su dedo señaló a unos padres de luto. Tenían leves deformidades y sus abotargadas miradas de odio no denotaban mucha agudeza mental: se veía claramente que tenían algo del cretinismo de las endogámicas colonias de Marte.
– Señor fiscal, limítese a preguntar –intervino el juez.
– Discúlpeme señoría –se dirigió nuevamente a Volterra–. ¿Cómo explica usted la muerte de Daniel Eisberg?
La hipertrofiada mano izquierda del padre se crispó contenida sobre el banco donde estaba sentado.
– Como ya comenté en la sesión anterior, la mecánica cuántica tiene una naturaleza probabilística. El transporte cuántico tiene una probabilidad efectiva altísima, pero existen un número mínimo de casos en que ese transporte es fallido.
– ¿Ese transporte fallido viene predicho por la teoría?
– Por supuesto: que la mecánica cuántica no sea determinista no quiere decir que no tenga unas reglas claras.
– ¿Y por qué no informó de este hecho a la Organización Mundial de Transportes y Comunicaciones?
– Es que lo hice, viene en la sección 2, artículo 20.b del informe remitido.
Un murmullo recorrió la sala y terminó de despertar a los miembros del jurado que pretendían dar una cabezada. El mazo del juez hacía el mismo efecto que el martillo sonoro de juguete de un niño.
– ¿Cómo? –replicó el fiscal. Había perdido la compostura: se había confiado y no revisó convenientemente el informe.
– Sí, en la sección 2, artículo 20.b del informe.
Los dedos sudorosos del fiscal se deslizaron con torpeza por los papeles esparcidos en su mesa. Finalmente lo encontró.
– La presente patente cumple los “Protocolos Estadísticos de Seguridad” del Código Civil. –leyó.
– He ahí –dijo tranquilamente Volterra.
– ¿Cómo…? –el fiscal estaba paralizado, entre incrédulo y ausente.
– Le explicaré. Cuando en 2085 se normalizaron las leyes de tráfico de Occidente y Eurasia, se marcó en el Código Civil de este país unos “Protocolos Estadísticos de Seguridad”. Como los accidentes de automóviles, motos y demás eran una de las principales causas de mortalidad no natural en el mundo, y se consideraba que un mínimo de ellos eran inevitables por pura estadística de los grandes números, se fijaron distintos porcentajes de seguridad mínimos bajo ciertos supuestos variables: número de desplazamientos, tiempo de viaje, capacidad del habitáculo de transporte, etc.
›› Por ello, la Organización Mundial de Transportes y Comunicaciones dio paso a mi invento de teletransporte cuántico porque cumplía con creces los mínimos de seguridad. De hecho, es el medio de transporte más seguro de la historia, incluso si es utilizado a nivel interestelar. Estoy muy orgulloso de mi invento, creo que cambiará el mundo.
El público permaneció embelesado durante el “alegato” del satisfecho Volterra. Tras unos segundos, el fiscal se restableció y procedió a preguntarle una vez más.
– Pero, ¿y qué pasa con Daniel Eisberg?
El señor Eisberg esperó tenso la respuesta.
– Lo siento mucho por él –dijo Volterra–, pero así como en el transporte de información computarizada a veces se pierde información, en este caso se perdió la de Daniel. Pese a eso, mi invento sigue siendo, estadísticamente, el más seguro. ¡Un invento para la Historia! –exclamó satisfecho.
– ¡¡Asesino!! –farfulló el padre de Daniel mientras disparaba a Volterra con una recortada de cerámica que había pasado el detector de metales.
Unas gotas de sangre cayeron sobre la corbata de seda del fiscal.
¡Todas esas almas merecen ser salvadas! – por Germán Trenza
– ¡Todas esas almas merecen ser salvadas, padre! –gritó el joven Merrin.
– Hijo mío, debes comprender que la Iglesia no toma decisiones a la ligera, se toma su tiempo para ser precavida y elegir de forma óptima –contestó serenamente el padre Gianelli mientras Merrin se ajustaba su alzacuellos.
– Sigo pensando que esta inacción es pecado. En todos esos sistemas solares reinan la desolación y todas las calamidades materiales y morales, no veo el inconveniente para no emplearlos.
– Validar el uso de ciborgs para cubrir las bajas de nuestras misiones no nos corresponde, sólo verificar si ello es acorde o no a todos nuestros reglamentos y códigos, conforme al Catecismo y encíclicas, y en última instancia, encontrar si contradice en algo a las Sagradas Escrituras. No más.
– ¡Pero hemos de consolar a esas pobres almas!
– Nuestro dictamen no afectará a la ayuda humanitaria que ofrecen esos ciborgs a las gentes de esos mundos, pero no podemos aceptar sin la debida consideración dotarles de capacidad para administrar los sacramentos. Cristo no puede personarse a través de un ente carente de volición.
– Con el debido respeto padre, creo que el Espíritu Santo nos fue otorgado para estar presente allí donde fuera necesario, allí donde un alma sufriera o tuviera necesidad, sin importar la presencia física de un sacerdote. ¿Cómo se nos podría achacar maldad por querer aplacar la pena de una criatura de Dios?
– Hijo, tus palabras son bellas, bienintencionadas y sinceras, pero a nosotros nos compete defender el rigor de la Fe. Por eso, para nosotros, la imaginación acaba por ser un defecto y la innovación un pecado que hemos de apartar de nuestro lado…
Rodó la botella (Un asesinato) – por Germán Trenza
Según entraba en la ciudad vio fábricas con altas chimeneas escupiendo humo. Cerró la ventanilla y puso el coche en modo automático mientras esperaba llegar a su destino.
Cuando abrió la puerta del coche empezó a oír el ajetreo del garaje: grúas, elevadores metiendo mercancías en camiones, letreros luminosos con gangosos altavoces que los leían… Atravesó la planta en diagonal hacia el ascensor esquivando dos veloces cargadores.
Una vez dentro pulsó un botón. Deseó haberse retrasado: un cargador con vísceras de pescado le acompañaba en un habitáculo que le parecía estrecho y poco ventilado.
Sintió alivio al salir. Se abrió paso con andares eficientes entre unos pasillos angostos. Su traje austero pero elegante desentonaba con las pintadas de las paredes. De pronto, paró frente a una puerta y sacó una pequeña caja metálica del tamaño de un paquete de cigarrillos, enganchó dos cables a la caja y a la cerradura electrónica. Tras un chispazo notó el chasquido de la apertura del cierre.
Nada más guardar la caja con sus cables, una gruñona y obesa anciana emergió del apartamento de al lado. A su mirada suspicaz correspondió el hombre con un discreto saludo tocándose el ala del sombrero. La anciana, complacida con ese gesto atento, prosiguió su camino. El hombre esperó un minuto y entró en el piso.
Un calvo dormía en el sofá abrazado a una botella vacía. El hombre sacó una pistola con silenciador y disparó a la frente.
La botella rodó por el suelo sin romperse.
“I walk the line” – Johnny Cash
I WALK THE LINE
I keep a close watch on this heart of mine
I keep my eyes wide open all the time.
I keep the ends out for the tie that binds
Because you’re mine,
I walk the line
I find it very, very easy to be true
I find myself alone when each day is through
Yes, I’ll admit I’m a fool for you
Because you’re mine,
I walk the line
As sure as night is dark and day is light
I keep you on my mind both day and night
And happiness I’ve known proves that it’s right
Because you’re mine,
I walk the line
You’ve got a way to keep me on your side
You give me cause for love that I can’t hide
For you I know I’d even try to turn the tide
Because you’re mine,
I walk the line
Nuevo post de “Germán Trenza”, en referencia al mío de ayer:
Un tal Ángel Rey… – declaración onírica de Germán Trenza
Un tal Ángel Rey afirma ser el verdadero autor de mis escritos, y aunque es cierto que tenemos intereses comunes (me basta ver su blog), no lo reconozco como tal. Para él, Germán Trenza –yo– no existe: o es un personaje de una novela de Ibargüengoitia –que no soy–, o en el mejor de los casos es un pseudónimo suyo; me deja dos alternativas, privarme de mi propia identidad o sumirme en la suya.
No obstante, puesto que pretende dar difusión a mis textos indicando su procedencia, no protestaré contra él ni reclamaré que los retire. Pero aclararé que yo me siento plenamente consciente de mí mismo y de quien soy, y ese impostor de Ángel Rey –¿acaso mi “Creador”…? ¡Ja!– no acabará con este convencimiento. ¡Un pseudónimo! ¡¡Un personaje imaginario!! ¿¿Yo?? “Pienso, luego existo”, decía Descartes. Luego YO, Germán Trenza, EXISTO.
Pero no puedo evitar pensar en un detalle de importancia: “Sueño” fue publicado por ese Ángel antes de que yo mismo lo escribiera, aunque únicamente ese relato-guión. ¿Cómo se explica? ¿Lo plagié? Os aseguro que no lo hice, al menos no tengo el más mínimo recuerdo de ello… ¿Revela “Sueño” algo acerca de este enigma? ¿Qué esconde este hermético escrito? ¿Viene en este relato la clave que soluciona esta contradicción? Con “Sueño” empezó mi obra antes de que siquiera estuviera en mi cabeza, ¿contiene la respuesta al inicio de mi inspiración literaria, quizá señala mis propios orígenes?
Sólo veo la explicación de que se haya transmitido la idea del relato (por otra parte, no enteramente original, sino de Edmond Hamilton) de alguna forma a través de una especie de inconsciente colectivo sumergido en un “mundo eidético”, un “mundo platónico de las ideas” al que toda la raza humana, de ser capaz de potenciar al máximo nivel sus habilidades mentales, tendría acceso ilimitado.
Entonces, ¿sigo siendo Germán Trenza? ¿Soy un personaje ficticio? Tal vez dé igual, y todos estemos viviendo en un bullicioso y entrecruzado “mundo de las ideas”, separado en diferentes compartimentos, del que el “mundo real” sólo sea una porción, un caso particular. Donde hasta los personajes de las películas, de las novelas, de los cómics, existan realmente, pero cada cual a su peculiar manera. Siendo así, ¿qué importaría ser un personaje “ficticio”? ¡Todos serían, a su modo, REALES! Habría diferentes universos, distintos paradigmas y arquetipos, donde hasta las leyes físicas y otras características serían diferentes (por ejemplo, los universos de “Zipi y Zape” o “Los Simpsons”, donde su estética y dinámica son las de un dibujo, no envejecen, e incluso algunos son amarillos… y, sin embargo, serían reales y EXISTIRÍAN). “Pienso, luego soy idea, luego existo como idea”.
Pero se está haciendo tarde y debería dejar de hablar de estos pensamientos que me atormentan y fascinan. Mañana será otro día y hay que seguir pergeñando otras historias. Debería olvidar, debería dormir, y acceder así a otros “mundos eidéticos”…
Voy a poner un extracto del libro “El atizador de Wittgenstein” de David J. Edmonds y John A. Eidinow que expone una de las dificultades que hay para definir algo, o categorizar un objeto o concepto; la imprecisión inherente de los términos del lenguaje.
Antes de nada, tengo que aclarar que, tradicionalmente, existen dos Wittgensteins: Wittgenstein I, que escribió el “Tractatus”; y el Wittgenstein II, que escribió las “Investigaciones filosóficas”. Dos etapas de su vida que, en realidad, no son totalmente incompatibles, ya que el Wittgenstein II es una derivación del primero. Incluso la propia separación en dos sea un tanto artificiosa y dificulte comprender verdaderamente a Wittgenstein, porque creo que una visión global de la evolución de su pensamiento (considerando también los escritos que sirven de puente entre las dos filosofías) da una medida más precisa de sus hallazgos y logros; y es más ilustrativo ver el -llamémosle así- “proceso heurístico” de la construcción de su sistema filosófico.
He aquí el extracto, sacado del capítulo 18 de “El atizador de Wittgenstein” (aprovecho para recomendar especialmente lo capítulos 18 y 19 de este libro (“El problema de los enredos” y “El enredo de los problemas”, respectivamente), que son los más densamente filosóficos en un libro con gran carga biográfica e histórica sobre el enfrentamiento entre dos figuras cumbre del pasado siglo: Popper y Wittgenstein; la negrita, como siempre, es mía):
… en Wittgenstein II la metáfora del lenguaje como pintura es reemplazada por la de la metáfora del lenguaje como herramienta. Para saber el significado de un término, no debemos preguntar qué es lo que representa; debemos en cambio examinar cómo es empleado en realidad. Si procedemos así, pronto nos daremos cuenta de que no hay una sola estructura subyacente. Algunas palabras, que a primera vista parece que realizan funciones similares, operan de hecho según conjuntos de reglas diferentes. (…)
(…)
… si se examina cómo se utiliza realmente el lenguaje, se notará algo más: que la mayoría de los términos no tienen un uso único, sino que presentan una multiplicidad de usos, y que esa variedad de aplicaciones no tiene necesariamente un solo componente en común. Wittgenstein daba como ejemplo el término “juego”. Hay toda clase de juegos: de cartas al solitario, de ajedrez, badmington, de fútbol según las reglas australianas, el del escondite infantil. Hay juegos competitivos, juegos que exigen colaboración, juegos individuales, juegos en equipo, juegos de habilidad, juegos de azar, juegos con balones y juegos con cartas. La pregunta es: ¿qué es lo que une a todos los juegos? La respuesta: nada. No hay una esencia de “juego”.
Wittgenstein llamó a tales términos conceptos con “semejanzas de familia”. Son como una familia, algunos de cuyos miembros pueden poseer el característico cuello de la familia, con la nuez marcada, o los ojos de un azul penetrante, pero no hay una única característica que sea común a todos. Lo que hace de los “juegos” juegos es una serie de semejanzas y parecidos que se superponen. Es este entrecruzamiento lo que en realidad dota a los conceptos de estabilidad. Se asemejan en ello a un hilo, “donde la fuerza del hilo no radica en el hecho de que una de sus hebras soporte su fuerza a lo largo de toda su longitud, sino en la superposición de muchas hebras”.
Quizá se pueda objetar que, examinando con mayor atención, se pudiera encontrar una cualidad común a todos los “juegos”, como pudiera ser su “carácter lúdico o de entretenimiento realizando una actividad de forma activa” (por hacer un intento de búsqueda de lo que pudieran tener en común, dejando de lado entretenimientos “pasivos” como ver la televisión o leer), pero la idea que se nos quiere mostrar con el ejemplo me parece clara.
Ayer se cumplieron dos años desde que empecé este blog, ¡cómo pasa el tiempo! Iniciaré una nueva sección de música para celebrarlo. Empecemos con José Alfredo Jiménez.
- Letra:
“El Rey”
Yo sé bien que estoy afuera
pero el día en que yo me muera
sé que tendrás que llorar
Llorar y llorar
llorar y llorar
Dirás que no me quisiste
pero vas a estar muy triste
y así te vas a quedar
Con dinero y sin dinero
hago siempre lo que quiero
y mi palabra es la ley
no tengo trono ni reina
ni nadie que me comprenda
pero sigo siendo el rey
Una piedra del camino
me enseñó que mi destino
era rodar y rodar
Rodar y rodar
rodar y rodar
Después me dijo un arriero
que no hay que llegar primero
pero hay que saber
llegar
Con dinero y sin dinero
hago siempre lo que quiero
y mi palabra es la ley
no tengo trono ni reina
ni nadie que me comprenda
pero sigo siendo el rey.
Roger Penrose, en su libro “El camino a la realidad” resume en unas pocas líneas la “paradoja de Russell“:
“Esta paradoja procede del siguiente modo. Consideremos el conjunto R que consiste en “todos los conjuntos que no son miembros de sí mismos”. (Por el momento, no importa si uno está dispuesto a creer que un conjunto pueda ser miembro de sí mismo. Si ningún conjunto pertenece a sí mismo, entonces R es el conjunto de todos los conjuntos.) Planteamos la pregunta: ¿qué pasa con el propio R? ¿Es R un miembro de sí mismo? Supongamos que lo es. Entonces, puesto que pertenece al conjunto R de conjuntos que no son miembros de sí mismos, no pertenece a sí mismo después de todo: ¡una contradicción! La hipótesis alternativa es que no pertenece a sí mismo. Pero, entonces, debe ser un miembro de la familia de conjuntos que no son miembros de sí mismos, a saber, el conjunto R. Así pues, R pertenece a R, lo que contradice la hipótesis de que no pertenece a sí mismo. ¡Lo cual es una clara contradicción!”
Esta paradoja se puede expresar de otras formas. Entre las diferentes versiones que se pueden encontrar, veamos este ejemplo extraído del libro “El teorema de Gödel” de Ernst Nagel y James R. Newman:
“… BERTRAND RUSSELL construyó una contradicción dentro del sistema mismo de la lógica elemental, que es precisamente análoga a la contradicción primeramente desarrollada en la teoría cantoriana de las clases infinitas. La antinomia de RUSSELL puede ser enunciada del modo siguiente. Las clases parecen ser de dos tipos: las que no se contienen a sí mismas como miembros y las que sí se contienen. Una clase será llamada “normal” si, y solamente si, no se contiene a sí misma como miembro; en otro caso se la llamará “no normal”. Un ejemplo de clase normal es la clase de los matemáticos, ya que, evidentemente, la clase misma no es un matemático y, por tanto, no es un miembro de sí misma. Un ejemplo de clase no normal es la clase de todas las cosas pensables, ya que la clase de todas las cosas pensables es, a su vez, pensable y, por consiguiente, un miembro de sí misma. Sea “N”, por definición, la clase de todas las clases normales. Preguntamos si N mismo es una clase normal. Si N es normal, es un miembro de sí misma (pues, por definición, N contiene a todas las clases normales); pero, en ese caso, N es no normal, porque, por definición, una clase que se contiene a sí misma es no normal. Por otra parte, si N es no normal, es un miembro de sí misma (por la definición de no normal); pero, en ese caso, N es normal, porque, por definicion, los miembros de N son las clases normales. En resumen, N es normal si, y solamente si, N es no normal. De lo que se desprende que la afirmación “N es normal” es verdadera y falsa a la vez. Esta fatal contradicción se produce como consecuencia de utilizar sin espíritu crítico una noción aparentemente diáfana de clase, Posteriormente fueron encontrándose otras paradojas, construidas todas por medio de familiares y aparentemente convincentes modos de razonamienro. Los matemáticos acabaron comprendiendo que, en la tarea de desarrollar sistemas consistentes, la familiaridad y la claridad intuitiva son soportes harto débiles en que apoyarse.”
Hay un artículo de Carlos M. Madrid Casado que habla de las posibles diferencias de cardinalidad entre la mecánica cuántica ondulatoria de Schrödinger (continua) y la mecánica cuántica matricial de Heisenberg (discreta). Pese a las pruebas de equivalencia matemática (que supondrían una equivalencia a nivel “instrumental”), el problema no se resolvería, sólo se desplaza a un nivel “ontológico” o “filosófico”, surgiendo un problema de interpretación. Las dos teorías, aun válidas matemáticamente, filosóficamente son incompatibles, contradictorias en sus fundamentos. Ontológicamente seguiría habiendo una diferencia de cardinalidad entre ambas teorías y, con ello, no habría una equivalencia “física” total, sólo “matemática” (a nivel de “resultados” sí, pero no iguales en “esencia”).
Aquí lo tenéis, a ver qué os parece, se titula el artículo “Entre Física, Matemáticas y Filosofía”:
http://www.nodulo.org/ec/2009/n085p01.htm
- Extracto (siendo MM la Mecánica Matricial de Heissenberg y MO la Ondulatoria de Schrödinger, la negrita y subrayados son míos):
“Nuestro propósito es construir un argumento por reducción al absurdo contra el realismo estructural a partir de nuestro caso de estudio. Supongamos por hipótesis que los modelos matemáticos MM y MO son, respectivamente, isomorfos a las estructuras de los sistemas reales X e Y que aspiran a representar. En principio, si la relación entre modelo y realidad es de isomorfismo, las estructuras de X e Y deben ser también isomorfas, dado que MM y MO lo son (Teorema de Equivalencia de Von Neumann) y la composición de isomorfismos es isomorfismo (si X es isomorfo a MM, MM y MO son isomorfos y MO es isomorfo a Y, entonces X e Y son isomorfos). Ahora bien, realmente, ¿son la estructura de X y la estructura de Y isomorfas?
Si lo fueran, deberían tener la misma cardinalidad, como es matemáticamente bien conocido. Pero esto no es, ni mucho menos, así. La estructura de X es discreta, dado que el dominio de MM son los números naturales (lo que se asociaba a una concepción corpuscular del microcosmos). En cambio, como estudiamos, la estructura de Y es continua, dado que el dominio de MO son los números reales (lo que se asociaba con una concepción ondulatoria del microcosmos). MM y MO nos dibujan dos estructuras de la realidad no isomorfas. Resumiendo: MM y MO son matemática y empíricamente equivalentes, pero estructural y ontológicamente incompatibles. Contradicción.“
Las ideas y premisas que vamos a utilizar para nuestro razonamiento (procurando aunar el suficiente rigor con un propósito didáctico para quienes tienen ya nociones), aunque se admiten matizaciones, vienen descritas en cualquier manual de Economía Política básica de cualquier lugar del mundo, excepto en países como Cuba y Corea del Norte. Usemos, por ejemplo, el libro “Economía. Teoría y Política” de Francisco Mochón Morcillo, la cuarta edición de McGraw-Hill. Lo veremos desde un punto de vista cualitativo y general.
Tomemos, ceteris paribus, las gráficas que representan la oferta y la demanda de empleo (en un “mercado de trabajo” ideal, homogéneo, etc.) bajo las coordenadas “P” (P = Salarios) y “Q” (Q = cantidad de trabajo).

Con ello tenemos esta gráfica (damos por conocida por el lector la teoría económica que describe el funcionamiento y características del “mercado de trabajo“, con estas gráficas, funciones y demás; de todas formas, viene recogido en los capítulos 10 y 11 del libro de Mochón), con S la oferta del empleo y D la demanda y “q” y “p” los valores concretos de la cantidad de empleo y del salario del punto de equilibrio. Cabe precisar que son los trabajadores quienes ofertan su trabajo y las empresas quienes lo demandan, eso representan respectivamente S y D. El punto de intersección entre ambas representaciones es el punto de equilibrio y lo que en la práctica se produciría en un mercado libre. ¿Pero qué pasa si imponemos por ley un salario mínimo?
Antes, leamos unos párrafos del capítulo 20 del libro de Mochón (la negrita es del texto original, los subrayados míos):
“El equilibrio en el mercado de trabajo determina el nivel de empleo de equilibrio, que es además el nivel de pleno empleo. Este nivel de empleo de equilibrio determina el nivel de producción de la economía vía función de producción agregada. De esta forma, en términos del modelo neoclásico el nivel de producción de equilibrio viene determinado exclusivamente por la producción ofrecida por las empresas, no por la producción demandada por los consumidores. Por ello puede afirmarse que en el modelo clásico/neoclásico es la oferta la que domina sobre la demanda.
(…)
Desde una perspectiva clásica, si existe desempleo éste sería voluntario, pues una reducción de los salarios reales aumentaría el empleo y la producción. En este sentido el desempleo se debe, en última instancia, a una inadecuada política de salarios, ya que éstos no se ajustan a los cambios en la función de demanda real de mano de obra.
Para los clásicos, dado que el desempleo está motivado porque los trabajadores piden un salario real superior al de equilibrio, cualquier aumento de la demanda agregada no lograría reducir el paro, pues las empresas no estarían dispuestas a aumentar el empleo a los salarios reales vigentes. Los posibles aumentos de la demanda agregada sólo se traducirían en aumentos de precios y posteriormente de salarios nominales, para evitar pérdidas del poder adquisitivo. En este sentido, se dice que los trabajadores no tienen ilusión monetaria.”
Cuando existe un salario mínimo impuesto por ley, los trabajadores “piden un salario real superior al de equilibrio” porque se ven obligados por ley. Con el salario mínimo se rompe ese equilibrio al ser, por definición, una intervención que impide el equilibrio.
Como se desprende del texto de Mochón, modificar la curva de demanda no es solución, por lo que es preferible dejarla como está. Por tanto, sólo queda margen de acción a la curva de oferta, es decir, a los trabajadores. La oferta se desplazaría hacia arriba hasta encontrar el nuevo equilbrio con el salario mínimo.

Vemos que, en efecto, ha aumentado el salario (p’>p), pero que la cantidad de personas con un empleo ha disminuido (q’<q, una cantidad de trabajo menor se cubre con menos trabajadores) respecto al equilibrio original (en un mercado libre no intervenido). Luego, resumiendo, subir el salario mínimo genera desempleo, aunque el salario de los que aún pueden trabajar sea más alto (el salario mínimo expulsa de este mercado de trabajo intervenido a aquellas personas que quieren trabajar por un sueldo menor). En concreto, aumenta el desempleo en los jóvenes, personas con poca formación, etc.
Los sindicatos, al apoyar intervenciones como éstas, no defienden los derechos de todos los posibles trabajadores, sino los privilegios de quienes ya tienen un empleo. Estos son los hechos y consecuencias que se derivan de la teoría económica convencional. El debate y la decisión entre elegir un modelo con más personas trabajando con menos salario u otro con menos trabajo disponible y mayores sueldos es un debate ideológico, no de la ciencia económica.
Las ideas filosóficas liberales defienden el primer modelo porque el salario mínimo, como intervención coactiva que es, atenta contra la libertad (incluso en el caso de un modelo o caso particular en el que el salario mínimo aumentara el empleo, si tomamos como premisa básica la libertad, no es admisible el salario mínimo -lo que no quiere decir que sea incompatible con otras formas de protección social a las personas más desfavorecidas-). Además, personalmente, pienso que una de las mayores lacras para una sociedad es un tasa elevada de paro, puesto que desanima a los que ya se encuentran en esa situación y provoca incertidumbres sobre el crecimiento de un país. Más empleo reduciendo los salarios aumenta las posibilidades de mejorar y prosperar. En la Historia de la Humanidad hemos visto cómo es el trabajo lo que lleva a nuevas ideas y a más progreso -salimos de la “pobreza” hasta llegar a donde estamos hoy-, por no olvidar el carácter edificante que tiene el trabajo en sí mismo. Por ello creo necesario eliminar esa coacción llamada “salario mínimo”, reduciéndolo progresivamente hasta su eliminación, evitando cambios bruscos y traumáticos. Para ello hace falta un consenso social fruto de la difusión de estas ideas y la refutación de muchos mitos. No al salario mínimo.
En resumen, si una persona libremente quiere (por las razones que sea) aceptar un empleo cobrando por debajo del salario mínimo, ¿por qué no puede hacerlo?
- Añadido del 11 de noviembre de 2009:
Me indican que un salario mínimo suficientemente bajo no tiene incidencia sobre el empleo. Esto, lógicamente, es correcto. En el post considero como supuesto tácito un salario mínimo por encima del punto de equilibrio, puesto que por debajo no tendría sentido establecerlo. Como podemos ver en la gráfica, cualquier salario mínimo por debajo del punto de equilibrio no incide sobre el mercado de trabajo; no tiene ningún efecto ya que hay libertad para que se encuentren sin restricciones las funciones de oferta y de demanda en el punto de equilibrio. Pero entonces, ¿qué sentido tendría imponerlo? ¿Por qué no quitarlo? En ambos casos, si queremos un mercado de trabajo libre y razonable, no debemos fijar un salario mínimo.
También quiero resaltar que no creo que el salario mínimo sea la razón principal del desempleo en España, ya que, como acertadamente me señala por Facebook José Bailén, hay otros factores más decisivos, como que los beneficios por desempleo son muy altos (“muchísimo más altos que en otro país de la OCDE“, me dice José) o la rigidez de los contratos y el elevado coste de despido. Con este post he pretendido desmitificar el tema del salario mínimo y combatir la desinformación que produce la demagogia de Zapatero cuando lo saca a colación, desmontando una de sus ocurrencias populistas más queridas; aparte del interés didáctico que tiene por sí mismo.
























