29
Dic
08

¿Dónde están los pensamientos? ¿Dónde está el “yo”?

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“La forma en que empleas la palabra ‘Dios’ no muestra en quién piensas sino lo que piensas”.

Ludwig Wittgenstein (Aforismos. Cultura y Valor, núm. 285).


Libet hizo un experimento que dio lugar a controvertidas y diversas interpretaciones. El experimento en cuestión consistió en pedirle a los sujetos que doblasen varias veces un dedo, o la muñeca de la mano derecha, pero a intervalos irregulares, de manera espontánea. Al mismo tiempo deberían fijarse en una pantalla en la que aparecía un reloj digital, para recordar el instante en que se les pasaba el impulso por la cabeza. Durante el proceso se tomaba la gráfica de las corrientes cerebrales y el resultado fue que que la chispa consciente se producía, en promedio, entre 0,3 y 0,4 segundos DESPUÉS de la aparición del potencial de alerta. Cuando los sujetos empezaban a acariciar la idea de doblar el dedo, la acción ya estaba decidida en realidad.

Dicho experimento ha sido interpretado por muchos como un argumento a favor de la tesis de no existencia del discutido libre albedrío -sería sólo una ilusión– y a favor del determinismo.

El problema de la mente, la voluntad y la conciencia tiene gran importancia porque, si bien podría ser que el libre albedrío no fuera más que una ilusión y nuestros actos y pensamientos estuvieran determinados por leyes físicas y biológicas, hay que admitir que, por lo menos, existen los conceptos en que pensamos (incluso cuando pensamos cometiendo errores tenemos pensamientos -errados, eso sí-), ya que no podemos negar que pensamos; de hecho, es algo evidente con sólo llegar a constatar que estas líneas escritas expresan ideas y conceptos. Es decir, todo lo que pensamos son objetos que podrían existir en un mundo mental, aunque no tienen por qué estar en la naturaleza. Pero entonces, ¿dónde están los pensamientos?

Si no existe el libre albedrío, podría considerarse que no existe el “yo” (el “yo” entendido como una entidad que tiene voluntad, identidad y personalidad). A favor de esto podría estar el hecho de que cuando nuestro cerebro es dañado, puede llegarse a cambiar nuestra personalidad (por ejemplo, si se afecta a la amígdala cerebral, se tienen cambios importantes en el comportamiento). Así pues, el “yo” podría no existir si no hay ciertas características como la voluntad. Pero si no fuera así, ¿dónde está el “yo”? De todas formas, pese a todo, siguen existiendo los pensamientos. Descartes decía pienso, luego existo, que se podría reinterpretar como prueba empírica -aunque no exista el “yo”- de que existen los pensamientos: “Pienso, luego existe el pensamiento”.

Se podría decir que los pensamientos existen en la naturaleza en los impulsos bioeléctricos cerebrales; pero estos no darían cuenta del “concepto” de círculo, por ejemplo, ya que un círculo perfecto no existe en la naturaleza (todo tiene una naturaleza discreta -la energía está cuantizada y la materia constituida por átomos-, luego no se podría construir un círculo acotado por una circunferencia conformada por una línea absolutamente continua), pero sí podemos imaginarlo, por lo tanto sí que existe el “concepto” de círculo aunque no exista en el mundo físico (o pensamientos como los sueños, que no existen en la naturaleza, pero toman conceptos prestados de ella).

Además, los impulsos cerebrales necesitarían de una interpretación para transformarlos en “pensamientos”. Unas cuentas en una pizarra no son más que unos rayones de tiza sin significado para el que no conozca el lenguaje matemático. Así pues, los impulsos cerebrales -o los rayones de tiza y las líneas escritas- requieren una interpretación semántica (como el experimento mental de la “habitación china” de John R. Searle), que podría ser lo que llamamos el “yo”, el alma o la conciencia.

el-libre-albedrio1 Schrödinger, en su ensayo “¿Qué es la vida?”, en el epílogo, trata sobre este tema del libre albedrío, el determinismo, la vida y la conciencia, desde un punto de vista panteísta.

He aquí un par de extractos:

“Veamos, pues, si es posible llegar a la conclusión correcta, y no contradictoria de las dos premisas siguientes:

(i)                   mi cuerpo funciona como un mecanismo puro que sigue las leyes de la naturaleza.

(ii)                 Sin embargo, mediante experiencia directa incontrovertible, sé que estoy dirigiendo sus movimientos, cuyos efectos preveo y cuyas consecuencias pueden ser fatales y de máxima importancia, caso en el cual siento y me hago enteramente responsable de ellas.

La única conclusión posible de estos dos hechos es que yo —es decir, yo en el sentido más amplio de la palabra, o sea, toda mente consciente que alguna vez haya dicho o sentido “Yo”—soy la persona, si es que existe alguna, que controla el “movimiento de los átomos”, de acuerdo con las leyes de la naturaleza.

Dentro de un ambiente cultural (Kulturkreis), donde ciertas concepciones (que alguna vez tuvieron o tienen todavía un sentido más amplio entre otra gente) han sido limitadas y especializadas, resulta osado dar a esta sencilla conclusión la expresión que requiere. Decir en la terminología cristiana: “Por lo tanto, yo soy Dios Todopoderoso”, resulta a la vez blasfemo y extravagante. Pero dejemos a un lado este aspecto, por el momento, y consideremos si la deducción anterior no es acaso la más aproximada que un biólogo pueda alcanzar para comprobar a la vez la existencia de Dios y la inmortalidad.

Esta penetración no es nueva. Las primeras noticias referentes a ella que conozco datan de hace unos 2500 años o más. A partir de las primeras grandes Upanisad, la identificación  ATHMAN = BRAHMAN (el yo personal equivale al eterno Yo omnipresente que lo abarca todo), lejos de constituir una blasfemia, era considerada en el pensamiento hindú como la representación de la quintaesencia de la más honda penetración en los acontecimientos del mundo. El anhelo de todos los discípulos del Vedanta era asimilar en sus mentes, después de haber aprendido a pronunciarlo con sus labios, este pensamiento supremo.

Más tarde, los místicos de todos los siglos, cada uno en forma independiente pero en completa armonía entre sí (algo así como las partículas de un gas perfecto), han descrito su experiencia única en términos  que pueden condensarse en la siguiente frase: DEUS FACTUM SUM (me he convertido en Dios).”

“… cada uno de nosotros tiene la indiscutible impresión de que la suma total de su propia experiencia y memoria forma una unidad, muy distinta de la de otra persona. Nos referimos a ella con la palabra “yo”. ¿Qué es ese “Yo”?

Analizándolo minuciosamente, se verá que no es más que una colección de datos aislados (experiencias y recuerdos), o sea, el marco en el cual están recogidos. En una introspección detenida, se encontrará que lo que en realidad se quiere decir con “Yo” es ese material de fondo sobre el cual están coleccionados. Puede usted llegar de un país lejano, perder de vista a sus amigos, olvidarlos casi del todo; gana nuevos amigos y comparte la vida con ellos con tanta intensidad como lo había hecho con los anteriores. Cada vez será menos importante que, mientras usted vive su nueva vida, se acuerde todavía de la antigua. “El joven que yo fui” puede usted decir de él en tercera persona.”

Se plantea que todos los “yoes” son el mismo “Yo”; esta afirmación encaja en el pensamiento oriental, no así en el cristianismo. Podrían también verse a los pensamientos y al “mundo mental” o “mundo platónico de las ideas” como parte de una “mente universal” -¿Dios?- de la que todos participamos como un único ente, y así, siendo todo uno, el libre albedrío podría no tener razón de ser.

Resolver estas cuestiones, y averiguar si son ciertas o no y en qué grado, es de gran importancia, sobre todo a la hora de conciliar -si es que es posible- el pensamiento occidental con el oriental.

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4 Responses to “¿Dónde están los pensamientos? ¿Dónde está el “yo”?”


  1. 1 Alejandro
    enero 6, 2009 en 6:21 pm

    Más de un filosofo ha dicho que para recibir respuestas coherentes primero hay que hacer preguntas coherentes. En el budismo por ejemplo, la pregunta “¿Dónde está el yo?” carece de sentido, y en lugar de ella lo que ha de preguntarse es “¿Existe el yo?” a lo que este responde con un “no”. Pero el budismo no es determinista, y la ciencia actual tampoco, al menos no en el sentido de la tabula rasa que existía antes.
    A mi juicio, un individuo se puede ver como un ordenador biológico que recibe información, la compara con información que ya tenía y luego toma una decisión. Nuestros pensamientos en sí mismos son múltiples procesos electroquímicos y nuestra mente es un conjunto de esos pensamientos. El “yo” es un concepto útil únicamente como sinónimo de individuo; es un error hacerlo sinónimo de “alma” en el sentido metafísico en que Schrödinger lo hace “material de fondo[sic]”(al parecer sin darse cuenta).
    Actuamos basandonos en nuestra memoria y en nuestro entorno, siendo así, el hecho de que algunos procesos dentro de la toma de desiciones se disparen de 0,3 a 0,4 segundos antes de que la acción física se lleve a cabo o de que el proceso que llamamos “conciencia de la intención” registre el hecho, es solo una curiosidad científica o el preámbulo previo de un organismo entero tomando una desición, no de un ente imaginario, sea un “yo-alma” que es (a mi juicio) el verdadero problema aquí.

    http://ilevolucionista.blogspot.com/2008/07/la-falacia-ad-libetum-y-el-concepto-de.html

    Saludos.

  2. enero 6, 2009 en 7:11 pm

    Conozco el link que me pasas, de hecho lo tengo incluido en el post. Me parece un tema interesante, poco aclarado hasta el momento, y que precisamente por esto mismo resulta estimulante.

    Un saludo.

  3. 3 Alejandro
    enero 7, 2009 en 11:31 pm

    Te doy mi palabra de que de haberme dado cuenta de que el link ya estaba, no lo hubiese colocoado en mi comentario anterior. Pero; sinceramente, tienes tal cantidad de links… que no los pude seguir todos.

  4. enero 8, 2009 en 12:03 am

    Ya me imaginaba. La verdad es que me excedo mucho con los links (y quizá debiera contenerme algo más), pero a veces lo veo bien para que quien no sepa algún concepto que se está tratando pueda mirarlo tranquilamente y no tenga que buscarlo por sí mismo (así me evito tener que explicar todo desde el principio, cuando para mucha gente debiera hacerlo ya que a menudo trato temas un tanto específicos), o simplemente para que el post contenga links curiosos relacionados.


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