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“Centrifugación Digital”, o “Por qué dejé de ser de Libertad Digital”

“Por qué dejé de ser de izquierdas” (Ciudadela, 2008) de Javier Somalo y Mario Noya bien podría tener hoy una continuación titulada “Por qué dejé de ser de Libertad Digital”. Sería un título muy a brocha gorda, como veremos, pero reflejaría el espíritu del asunto. Pasemos a reseñar, muy a vuelapluma, los personajes que aparecen.

“Por qué dejé de ser de izquierdas” nos ofrece testimonios -no exactamente entrevistas- de unas personas que llegaron a la derecha, o más concretamente al liberalismo, tras una juventud -más o menos alargada- de izquierdas; cuyas vidas confluyeron en el diario “Libertad Digital” (LD en adelante).

Lo prologaba Javier Rubio, que dejó LD por desavenencias con Federico Jiménez Losantos. Poniendo aparte los decesos de Carlos Semprún Maura y Horacio Vázquez Rial, compartían sus recuerdos e impresiones exizquierdistas como José María Marco, que marchó de LD mostrando su desacuerdo respecto a las opiniones de Pío Moa sobre la homosexualidad, que fue expelido tras una polémica con el responsable del epílogo César Vidal, que emigró a EEUU decepcionado con Jiménez Losantos, no sin antes haberse enemistado con Juan Carlos Girauta, figurante como los otros en el libro, que con el tiempo acabó regresando a LD.

Girauta cuenta que, tras su pasado izquierdista, militó en el Partido Popular de Cataluña, acto de lo más rebelde en aquel 1994, para acabar como candidato a las Europeas de 2014 por Ciudadanos. Una vida políticamente inquieta.

Junto a Girauta nos revelan sus experiencias Cristina Losada y José García Domínguez. Los tres son los responsables del blog “Heterodoxias” y los tres siguen en LD, tras el paréntesis por parte de Girauta, si bien con un combativo García Domínguez contra la línea editorial económica que marca Juan Ramón Rallo -éste no exizquierdista- en LD. Quizás una forma de abjurar desde dentro. Vidas ideológicamente agitadas para esta empresa periodística de plantilla turbulenta.

Tengo más perdidos la pista a Amando de Miguel y Pedro de Tena. Aunque ambos permanecen en el diario, es verdad tengo la impresión de que el primero siempre ha ido más por libre y el segundo no estaba desde el comienzo de esta aventura digital liberal (que me conste; corrijan si yerro en algo, ya digo que son reflexiones muy a vuelapluma).

Para el final el que aparece en primer lugar en el texto que evocamos. Jiménez Losantos, que focaliza buena parte de las críticas y lidera aún el menguante, o al menos sensiblemente metamorfoseado, grupo mediático de LD.

Hemos visto que no todos han abandonado el periódico, pero resulta sugerente contemplar el centrífugo panorama pasado poco más de un lustro -y estamos dejando de lado otros personajes y temas, como podría ser la transición de COPE a esRadio-. Este proyecto liberal filoaustríaco no ha logrado la implantación social deseada. Como tantas utopías, ha producido una diáspora. En realidad, este liberalismo nunca tuvo futuro. Y, tras leer a John Gray y Tony Judt, a Dios gracias.

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