26
Jul
18

Dos fábulas de Gabriel Ferrater traducidas métricamente

gabriel-ferrater“Les dones i els dies” (Edicions 62, 1968) es el libro que recoge los tres poemarios que publicó Gabriel Ferrater entre 1960 y 1966. Existen dos traducciones del catalán al castellano: la de Mª Àngels Cabré, “Las mujeres y los días” (Lumen, 2002), completa, literal y sin mantener la métrica; y la edición bilingüe “Mujeres y días” (Seix Barral, 1979), con traducciones tratando de cuidar la métrica y los elementos poéticos de Pere Gimferrer, José Agustín Goytisolo y José Mª Valverde. Ésta última, la edición de Seix Barral, aunque es muy extensa, deja sin traducir algunos poemas. El más extenso de ellos, “Poema inacabat”, lo traducen al castellano Joan Margarit y Pere Rovira en “Poema inacabado” (Alianza, 1989). El importante poema “In memoriam” está en las dos versiones de Lumen y de Seix Barral. El resto de los poemas del libro son relativamente breves, pero hay dos que para mí tienen un gran interés, que forman una dupla y que sólo están traducidos métricamente en la edición de Lumen: “Faula Primera” y “Faula Segona“.

Una traducción digna al castellano de ambas fábulas me ha parecido un ejercicio que podría tener cierto valor de cara a ayudar a difundir la atípica y sugerente obra de Gabriel Ferrater.

Para ello, haciendo uso de un tomo en catalán de “Les dones i els dies” (Edicions 62, 2017), tomando como base la traducción literal de Mª Àngels Cabré en Lumen y con ayuda de traductores online y alguna web que voy enlazando en el presente post, he intentado verter ambas fábulas al castellano en endecasílabos blancos (como el original).

Cabe advertir que no conozco la lengua catalana más que lo que puede llegar a conocerla un castellanoparlante de Valladolid con un cierto interés autodidacta e instrumental para esta labor concreta de traducción métrica. He tenido que tomarme ciertas licencias para lograr una medida adecuada, procurando mantener el estilo y sentido poético y no variar demasiado el contenido ni la forma y número de los versos. Sin embargo, es posible que haya incurrido en algún error o imprecisión de algún tipo que estaría encantado de que me señalaran para poder ir enmendando en el propio post si fuese necesario. Pongo a continuación, en versión bilingüe, los dos poemas.

 

“Fábula primera” – Gabriel Ferrater
(Traducción al castellano de Ángel Rey Gallego)

Dama Antonia, que es frágil pero tan
imperiosa y cargada de razón,
jamás cogía un taxi, pues dejó
que le explicaran cosas que se hacen
en ellos y que, expresa, reprobaba:
son instrumentos para la indecencia.
También tenía angustias: se sentía
dudosa de querer ganar el cielo
corriendo el riesgo de acabar muy cerca
de Adán y Eva, los originadores.
Su hijo, el señor Andreu, era tan rico
como para ser presa de elección
de algún fuerte demonio al mediodía.
El ataque fue súbito. Las alas
se batieron nerviosas dos segundos,
y Andreu, rendido, deseó el divorcio.
En las familias ricas y complejas
es bien sabido cómo se complican.
Un divorcio requiere tiempo. Y claro,
pensando que corría a su favor,
quiso el rebelde usar bien el verano
en Portugal con una mecanógrafa
dulce y sin que estuviera poseída
por un demonio, pero codiciada
por el demonio del señor Andreu.
El verano acabó y ya en el invierno
llevó a su madre a ver a un abogado:
muchos dedos tocaban ese nudo
que nuestro Andreu intentaba deshacer.
Conduciría él mismo, en hora punta,
para llegar a casa de su madre,
sin prever el obstáculo que habría.
(Todo normal, de un mundo bien fundado:
es cierto, sin embargo, que habrá huecos
para la cuña personal y lírica.)

¿Cautela o saber previo? Dama Antonia
preguntó si este coche que le abrían
sería el del periplo del verano.
Lo era, y Andreu (que ya podré decir
que no obtuvo jamás ya su divorcio)
dio media vuelta por cambiar de coche.
Andreu no obedeció por humildad
ni por un sentimiento otro cualquiera,
que se vería fuera de lugar:
sólo correcto y reticente, mientras
quema la herida llama de su madre.
Ni reflexivo o combativo, tuvo
mucha ecuanimidad para admitir
lo que se repelían los dos cuerpos:
el uno que tal vez amó ya el suyo,
años atrás; y el otro, el que él amaba.
Un amor olvidado, nada más,
y el otro que no siempre es recordado.
Poco vivos los dos, en cualquier caso.
El engañado siempre era el demonio.

Uno de los demonios, por lo menos.
Pues otros en el juego intervendrían
y yo no sé dejar de sentir miedo,
ni sé olvidar que son muchos demonios
los que esconde el infierno, y que en las aguas
del más tranquilo estanque de las buenas
causas que son llevadas a buen término,
quiere verse una risa loca y terca
de los limones de emoción triunfante.

ooo

 

“Faula primera” – Gabriel Ferrater

Dama Antònia, fràgil però tan
imperiosa i carregada de raó,
mai no prenia un taxi, car s’havia
deixat dir que en els taxis es fan coses
de les que ella improvava expressament:
eren uns instruments de l’indecòrum.
Tenia també angoixes: se sentia
incerta si volia guanyar el cel
i córrer el risc que la posessin prop
d’Adam i d’Eva, els originadors.
El senyor Andreu, fill seu, era prou ric
perquè se’n fes presa d’elecció
un enèrgic dimoni de migdia.
L’atac, sobtat. Les ales nervioses
van batre dos segons, i el senyor Andreu,
del tot retut, va desitjar el divorci.
Les famílies riques i complexes
ja se sap com s’imbriquen. Un divorci
vol temps. Jutjant que el temps era un seu guany,
el rebel se’n va anar a guanyar un estiu
a Portugal, amb una mecanògrafa
dolça i segurament no posseïda
per cap dimoni, però cobejada
pel dimoni del senyor Andreu. L’estiu
es va acabar, i un dia ja d’hivern
el senyor Andreu havia de portar
la seva mare a veure un advocat:
eren molts dits a toquejar aquell nus
que el senyor Andreu provava de desfer.
Conduint ell mateix, a l’hora en punt,
va arribar a casa de la seva mare,
i no prevenia on fóra l’entrebanc.
(Tot normal, en un món ben cimentat:
cert, però, que d’escletxes per al cuny
líric i personal, se n’obren sempre.)

Cautela, o saber previ? Dama Antònia
va preguntar si el cotxe que li obrien
no era el del periple de l’estiu.
Ho era, i el senyor Andreu (que ja es pot dir
que mai no havia d’obtenir el divorci)
se’n va tornar, i va canviar de cotxe.
No per humilitat va obtemperar
ni per cap altre sentiment, que hauria
semblat fora de lloc: només correcte
i de cor reticent, mentre cremava
la injuriada flama de la mare.
No reflexiu ni combatiu, tenia
prou equanimitat per saber admetre
que es fossin repel·lents aquells dos cossos:
l’un, que potser havia estimat el seu,
feia molts anys; l’altre, el que ell estimava.
Un amor oblidat, res més, i l’altre
no sempre recordat. Poc vius tots dos.
Com sempre, l’enganyat era el dimoni.

Un dels dimonis, en tot cas. Que d’altres
entraven en el joc, no sé deixar
de témer-ho, ni oblidar que de dimonis
l’infern n’amaga molts, i que en les aigües
del més tranquil estany de bones causes
dutes a bona fi, s’hi vol mirar
una rialla folla de llimones
d’emoció entestada i triomfant.

oo * ooo * oo

 

 

“Fábula segunda” – Gabriel Ferrater
(Traducción al castellano de Ángel Rey Gallego)

Siendo sinceros, Vilagut llevaba
muchas horas de vuelo y meditó
que toca tomar tierra ya en la paz
y el matrimonio. A escondidas (hubo
lazos que cortaría un cierto día)
frecuentaba las ‘parties’ y el Liceo.
Fue amable con las chicas, y las madres
fueron amables a su vez. Bien pronto
casi pudo escoger, o se diría
que vacilaba limitadamente:
dos chicas le atraían. La una era
morena del brillante sol de invierno
por las pendientes de arañada nieve.
No hablaba demasiado, pero más
por el teléfono. De día, al aire
libre, a medio cerrar tiene sus ojos;
de noche, muy abiertos, limpios, negros.
Bailaba mucho, pero no muy bien,
y era perfecta al conducir. Las manos,
todo vigor, se le volvían dulces,
y se extasiaba Vilagut mirándolas
tomar su palma el fruto en vaso helado
o al arrancar sus dedos rectas tiras
del vaho, con su suavísima corteza.
No se reía mucho y parecía
distraída, y costaba descubrir
que tenía otra risa conmovida
y honda, un cuerpo total de sentimiento
y augurio de amistad para otros cuerpos.
Pero en los cuerpos no pensaba mucho,
ni le inquietaba que una mano fuera
un pequeño animal mostrando súplicas:
pues no es persona el animal, aunque hay
que mantenerlos bien, sin grandes mimos.
La otra chica era rubia y no tenía
la piel morena más que en el verano.
Bebía los licores sin ni un hielo,
densos como recuerdos de la infancia.
Pero bebía poco, y Villagut
se sentía algo inquieto junto a ella.
No sabía qué hacer para ofrecerla
algún placer directo y evidente.
Cocinar le gustaba, y se podría
suponer que también le gustaría
comer bien, aunque no podría él
llevarla a un restaurante: ella tenía
normas estrictas de conducta, hechas
por exclusión. Algún ‘hortus conclusus’.
Vallas altas, promesa fresca dentro.
Hablaba de un pasado muy remoto
(pues tanto se ofuscó en sólo unos años
de afecto atento), fiestas y de ritos
según el calendario, de un futuro
de dehiscencia inminente. Para él
el hoy sería transparente y leve
en su fluidez, sin verlo consistente.
Reía como niña, y a menudo,
e incluso a veces fue inoportuna.
No bailaba, a excepción de algunas fiestas
privadas, no habitual, pero leal
a los giros del tiempo y a la música.
Tenía el cuerpo personalizado
y nada amigo de otros cuerpos, nunca
desatento a fronteras y distancias.

Tardaba Vilagut en decidirse
pero sabía que decidiría
un día u otro, y comenzó a medir
el asunto. Primero, con las obras.
La mansión que habitaba reclamaba
reformas decididas. No sabía
hablar a los amigos de otra cosa.
«Mirad, este tabique se va al suelo:
la habitación contigua y ésta forman
una más grande, abriendo un ventanal,
genial para los niños, pues da el sol.
La cocina estará toda en un lado
del patio; en una casa, al fin y al cabo,
el corazón de todo es la cocina,
decir hogar es eso, me entendéis».
Una semana, y todo transformaba.
«Esto será un salón, nada, muy íntimo
para invitar a amigos, y esta sala
pequeña de la esquina, como adrede:
aquí una arcada, y bar, que lo imagino
con ambiente; lo malo es el garaje:
el coche suyo, el mío, todo roba
espacio: ya no encajo la cocina».
Fluctuaba el corazón de Vilagut,
y un latido variaba la materia:
la piedra, dócil símbolo del mito.

¿Obvio es que se casó con la hogareña?
Siempre el alcohol más fuerte escoge al hombre.

ooo

 

“Faula segona” – Gabriel Ferrater

En Vilagut, si hem de ser francs, portava
moltes hores de vol, i va pensar
que tocava la d’aterrar en la pau
i el matrimoni. D’amagat (hi havia
llaços que en el seu dia es tallarien)
va freqüentar les parties i el Liceu.
Va ser amable amb les noies, i les mares
van ser amables amb ell. Ben aviat
va gairebé escollir, o podríem dir
que vacil·lava limitadament:
dues noies l’atreien. Era l’una
bruna de sol d’hivern reverberat
pels pendissos de neu esgarrinxada.
No parlava gaire, però més
per telèfon. De dia, a l’aire lliure,
tenia els ulls mig closos, i de nit
sabia obrir-los molt, foscos i francs.
Ballava molt, però no massa bé,
i era perfecta conduint. Les mans,
totes vigor, podien fer-se dolces,
i en Vilagut s’oblidava mirant-les
fent conca per al fruit d’un vas glaçat
o arrancant-ne amb els dits, a tires rectes,
l’escorça suavíssima del baf.
No reia gaire, i semblava que ho fes
distreta, i es trigava a descobrir
que tenia una altra rialla, fonda
i commoguda; tot un cos fet sentiment
i auguri d’amistat als altres cossos.
Però en els cossos no hi pensava massa,
ni la neguitejava que una mà
fos una bestiola suplicant:
els animals no són persones, cal
tractar-los bé, i no fer-ne gaire cas.
L’altra noia era rossa, i no tenia
bruna la pell sinó l’estiu. Bevia
licors que es prenen sense gel, espessos
i condormits com els records d’infància.
Però bevia poc, i en Vilagut
se sentia inquiet quan era amb ella:
no sabia com fer-s’ho per donar-li
algun plaer directe i evident.
Li agradava cuinar, i era permès
de creure que també li agradaria
de menjar bé, però tampoc podia
portar-la a un restaurant: ella tenia
normes estrictes de conducta, fetes
d’exclusions. Hortus conclusus. Tanques
altes, i a dins, tota fresca promesa.
Parlava d’un passat remot i llarg
(tant s’havia encabit en uns quants anys
d’afecte atent), de festes i de ritus
segons el calendari, i d’un futur
de dehiscència imminent. L’avui
li era transparent, prim de fluència,
i es resistia a fer-lo consistent.
Reia com una nena, molt sovint,
i de vegades era inoportuna.
No ballava sinó en algunes festes
privades, no freqüent, però lleial
a la música com als girs del temps.
Tenia el cos molt personalitzat
i gens amic dels altres cossos, mai
distret de les fronteres i distàncies.

En Vilagut trigava a decidir-se,
però sabia que es decidiria
un dia o altre, i començava a prendre
les mesures del cas, primer, les obres.
Vivia en un casal que reclamava
reformes decidides. Als amics
no sabia parlar-los d’altra cosa.
“Aquest envà se’n va a terra, veieu:
la cambra del cantó i aquesta en fan
una de gran, i obrint un finestral,
magnífica pels nens, que els convé sol;
la cuina agafarà tota una banda
del pati; en una casa, al capdavall,
el cor de tot és la cuina, llar
vol dir això, ja m’enteneu”. Passava
una setmana, i tot es transformava.
“Això serà un saló, no res, molt íntim
per rebre-hi els amics, i aquesta cambra
petita, del cantó, com feta expressa:
aquí una arcada, i tindrem bar, em penso,
amb ambient; el mal és el garatge:
el cotxe seu, el meu, el gran, tot pren
espai: no veig on encabir la cuina”.
I així oscil·lava el cor d’en Vilagut,
i un batec variava la matèria:
la pedra, símbol dòcil a tot mite.

Cal dir que es va casar amb la casolana?
Sempre l’alcohol més fort s’endurà l’home.

oo * ooo * oo

 


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